Cine

Cronos y los atentados del año 2017 en Cataluña. Lo que en la película no se ve

Ayer vi Cronos, la película sobre los atentados de Barcelona y Cambrils en agosto de 2017.

Comienzo diciendo que la película, como entretenimiento, funciona (en mi opinión). Hay, obviamente, acción, ritmo y los diferentes puntos de vista (agentes en la calle, centro de mando, disputas políticas, comunicación, la situación en Ripoll…) están bien articulados. Quien vea la película sin tener conocimiento del atentado real o solamente un conocimiento supeficial verá una película de terroristas muy alejada de los estándares hollywodenses; pero -desde mi punto de vista- para mejor. Los policías parecen más reales, menos robóticos y las reacciones (intentar huir primero, luego dar la vuelta y enfrentarse a los terroristas, por ejemplo) creo que están bien logradas.

Dejando claro lo anterior, sin embargo, también creo que hay que advertir que el relato que hace de los atentados es sesgado, y no de una manera inocente. Me explico.

La película comienza con una explosión en Alcanar. Se nos indica que esa explosión sucedió una hora antes de los atentados en Barcelona. Luego, durante la película, se hace referencia a la explosión en Alcanar y, además, se indica que la que hemos visto al comienzo es una segunda explosión; pero esa primera explosión no aparece en la película en ningún momento. Es una opción del guionista y del director, por supuesto; pero, como digo, no es una opción inocente. Para quien vea la película sin tener fresco lo que pasó aquellos días, verá que hay una explosión en Alcanar y que, casi inmediatamente, se produce la masacre en las Ramblas de Barcelona; lo que pasó antes de esa (segunda) explosión en Alcanar no queda reflejado y, sin embargo, lo que sucedió entre esa primera explosión, el dia 16 de agosto por la noche es muy relevante.

El 16 de agosto, un poco antes de la medianoche se produce una explosión y los Mossos se personan en el lugar. Hay dos muertos. Encuentran numerosas bombonas de butano y se inician actuaciones judiciales, pero se trabaja sobre la hipótesis de que fue un accidente.

Como se supo tras los atentados de las Ramblas, la explosión de Alcanar no fue un accidente doméstico, sino que estaba vinculada a la preparación de atentados terroristas. ¿Podía haberse sospechado? Sin duda. De hecho, según se pubicó en su momento, la Guardia Civil ofreció la posibilidad de que su GEDEX de Tarragona inspeccionara la casa, pero esa ayuda fue rechazada por los Mossos, quienes no investigaron la explosión como algo relacionado con el terrorismo. También se informó durante aquellos días que la Jueza Instructora responsable de la investigación apuntó en esa dirección y los Mossos le dijeron que no exagerara.

Lo que acabo de comentar no sale en la película. Y, hasta donde sé, no se ha investigado qué se hizo en esas horas decisivas y cómo se pudo cometer un error de juicio con las consecuencias que tuvo. Por supuesto, repito, desde la perspectiva de la película es una opción partir del atropello en Barcelona y relatar lo que sucedió desde el punto de vista de quienes lo vivieron a partir de entonces; pero, si esto es así, sobra la primera escena con la explosión en Alcanar; porque esa explosión, si no va acompañada de la primera, ocurrida la víspera, lleva al espectador a una impresión equivocada sobre lo sucedido: el espectador pensará que no hubo tiempo material para reaccionar o vincular una cosa con otra. En cambio, en la realidad sí que hubo ese tiempo y casi diez años después está pendiente la explicación de qué es lo que pasó, por qué no se investigó la relación entre la explosión y el terrorismo y por qué se negó a la Guardia Civil la posibilidad de cooperar en la investigación.

Además, la película da cuenta de la situción de despreocupación en que vivían los Mossos quince horas después de la primera explosión en Alcanar. Su jefa de comunicación en un parque acuático con su familia y con el teléfono profesional apagado; los mossos de Barcelona buscando carteristas, uno de los jefes se encuentra patrullando mientras comenta los efectos de los móviles en los niños… Si la víspera se hubiera advertido la conexión entre las bombonas de butano y un posible atentado la situación y actitud de unos y otros sería completamente diferente.

No sabemos por qué los Mossos optaron por no analizar la posibilidad de que la explosión de Alcanar estuviera vinculada con el terrorismo; pero sí podemos plantear alguna hipótesis de por qué se rechazó la colaboración con la Guardia Civil.

El atentado se produjo en el año del procés. Unas semanas después del atropellamiento en las Ramblas, el Parlamento de Cataluña aprobó las leyes de desconexión y tres semanas más tarde tuvimos el referéndum de autodeterminación, la «parada de país», el discurso del Rey y las declaraciones de independencia del 10 y 27 de octubre; así como la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Desde la Generalitat se pretendía mostrar que Cataluña ya operaba como un país independiente y no podían permitir que un atentado terrorista cambiara eso. De hecho, en la película -que recoge de manera resumida algo de esas tensiones- un personaje que parece estar vinculado con la Generalitat dice que «eso» va de algo más que detener a unos terroristas. Para los que vivimos aquellas semanas, era algo evidente. La Generalitat utilizó los atentados como escaparate ante el mundo mostrando el control que tenía sobre todo el territorio. La entrada de la Guardia Civil o la Policía Nacional sería contraproducente desde esa perspectiva.

Y desde el lado del Gobierno de España, no se desconocía que las decisiones que tomaran en relación a la gestión del atentado (atentados) terroristas, tendrían consecuencias en la relación con la Generalitat, puesto que, como se ha indicado, el plan de ésta era que la operación contra los terroristas de las Ramblas fuera la puesta de largo de la policía autonómica como institución de estado. Creo que solamente así se explica, por ejemplo, que no se hubiera activado la Ley de Seguridad Nacional o que la Comisión Seguridad Nacional tarde dos días en reunirse tras los atentados, sin que en dicha reunión se hubiera elevado el nivel de alerta terrorista. En la película sale de refilón este tema, curiosamente en forma de reproche por parte de la jefa de comunicación de los Mossos, lo que no sé si resulta creible, porque la posición de la Generalitat era, precisamente, la de limitar el papel del Estado en la resolución del caso, y elevar el nivel de alerta terrorista a 5 hubiera implicado la posibilidad de que el ejército se incorporara a la patrulla de las calles. Imagínense eso a semanas de que se produjera el referéndum de secesión. Al final esto no pasó, el Estado quedó en segundo plano, la alerta antiterrorista se mantuvo en 4 y no hubo aplicación de la Ley de Seguridad Nacional; quizás no por razones policiales o de seguridad, sino para limitar tensiones entre el Gobierno de España y la Generalitat (algo de esto también sale en la película).

La eliminación de la primera explosión en Alcanar, por tanto, no es -como adelantaba- inocente. Evita el punto en el que la eficacia de los Mossos podría ser puesta en cuestión con mayor fundamento y limita las tensiones entre los Mossos, la Policía Nacional y la Guardia Civil a un tema político, sin que se perciba la forma en que esas tensiones afectaron a la seguridad. El resultado es una película en la que la policía autonómica sale, en general, bien parada; aunque yo siempre me he preguntado qué dirían los mismos que aplaudieron a los Mossos si hubieran sido policías nacionales o guardias civiles los que hubieran matado a tiros al último terrorista que se localizó en unos viñedos. Siempre me he preguntado si una policía moderna no debería disponer de medios para reducir al criminal sin matarlo, máxime cuando en los casos anteriores de terroristas huidos y abatidos ya se había visto que los cinturones que llevaban aparentando explosivos eran falsos. Lo que se ve en la película -y responde a la realidad- es que quienes abaten a los terroristas en Cambrils y en Subirats son mossos sin formación específica antiterrorista. Me pregunto si, en esas circunstancias no se hubiera podido hacer un uso más extenso de las unidades especiales no solo de los Mossos, sino también de la Guardia Civil, de la Policía Nacional o, incluso, del ejército, más preparados para situaciones como las que tuvieron que abordar los policías «de a pie» que se enfrentaron a los terroristas. Insisto en que no es una objeción y, desde luego, no implica ningún reproche a los agentes que intervinieron sobre el terreno, sino una pregunta dirigida a quienes organizaban el dispositivo. En Cambrils, por las circunstancias y rapidez con que todo se produjo probablemente no había alternativa; pero en Subirats, varios días después de los atentados, habiendo en España varios centenares de agentes (entre Policía Nacional, Guardia Civil Mossos, Ertaintza) especializados en la lucha contra el terrorismo ¿era necesario que fueran dos agentes ordinarios los que intentaran detener al terrorista? En su momento, conmocionados por el atentado, todavía atemorizados, recuerdo el alivio al saber que el último terrorista ya no podría hacer daño. La película, además, refleja ese momento; pero pasado ese primer impulso es necesario pensar en las posibilidades que habría para haberlo capturado con vida; incluso con el objetivo de obtener información que pudiera ser valiosa. Como digo, sin embargo, esto es una pregunta, no una crítica.

En cambio, sí que es una crítica explícita la gestión de la primera explosión en Alcanar y, en lo que se refiere a la película, la inclusión de la segunda explosión sin que se cuente también la primera. Como obra de ficción, por supuesto, la libertad es total; pero, desde el punto de vista narrativo, ¿qué aporta esa segunda explosión si lo que se va a narrar es la respuesta a los atropellos de Barcelona? Parece que está ahí por otro motivo: para cerrar un relato que pretende ser positivo para la policía. Con sus clarooscuros, claro (no estamos en Hollywood, como he dicho), pero claramente positivo.

Han pasado casi diez años. Entonces ya señalé la falta de coordinación y las consecuencias políticas de los atentados. La película Cronos nos obliga a volver sobre ello. No dejemos que los errores que entonces hubo queden enterrados por un relato sesgado.

Nolan’s Odissey: From Guernica to The Third of May

A few days ago I published a piece on Nolan’s The Odyssey (in Spanish here and in English here). I have now seen the film again, this time in the original IMAX version — that is, the format in which it was shot and which, presumably, governed the planning of the framing. Here I will set down what the comparison between the two versions suggested to me, with the caveat throughout that I am speaking from memory. Ideally one would have both versions side by side in order to verify each impression, but since that is not possible, I will content myself with trusting what I remember from each viewing, and rely on the reader’s indulgence.

From my point of view, the most important change from the IMAX format to the widescreen version used in the overwhelming majority of screenings of The Odyssey lies not in image quality or screen size, but in the proportions. In widescreen we are dealing with a rectangle considerably wider than it is tall, whereas in IMAX we are closer to a square, even though the width still exceeds the height.

For framing purposes, it is not the same thing to work in widescreen proportions (2.39:1) as in the 15/70 IMAX ratio used in The Odyssey, where the relationship between width and height is 1.43:1. It is not the same thing to project Guernica (whose proportions are 2.22:1) as The Third of May 1808 (at 1.29:1).

To get a sense of this, let us see how the latter painting would look in IMAX and in widescreen.

The differences between the two options are obvious. Shooting with one format or the other in mind is no trivial matter. In the case of The Odyssey, Nolan was thinking in IMAX; although, I imagine, he was also well aware that the vast majority of viewers would see the film in widescreen (there are only 41 cinemas in the world showing The Odyssey in 15/70 IMAX — meaning that fewer than 1% of all viewers will have seen it in the format in which Nolan imagined it), so the widescreen framings will also have been carefully attended to. It would not simply be a matter of «cropping wherever it falls»; there will have been a process of adjustment so that the film makes as much sense as possible in widescreen too.

Now then, are there differences to be perceived between one format and the other? Speaking from my experience as a viewer, I would say yes, that there are differences at certain points. I repeat, however, the warning that I am speaking from memory, on the basis of two viewings of the film in widescreen and a single viewing in IMAX.

Specifically, where I perceive the greatest difference is in the scenes set in the city of Troy. In the widescreen version, the arrival of the horse at the city does not allow you to see the whole of it, with air above the buildings. In the IMAX version the horse appears in the lower part of the frame and the walls and houses rise until they reach a sky that can also be taken in. The sensation is one of greater calm, as though the scene were better composed. I would say that the beach scenes also gain from this extra space above and below. Likewise, in the scenes of the burning of Troy one perceives a different composition. The collapsing towers register perfectly well in widescreen too, but the very construction of the scene feels more suited to an almost square format than to an elongated one.

There is also a difference in some of the scenes featuring Agamemnon. The king’s imposing presence requires a plume of feathers that in the widescreen version is sometimes not fully visible. Two scenes come to mind: the sacrifice of his daughter and the encounter with Ulysses on leaving Troy. Another scene in which that small amount of space at the top makes the difference, I think, is the transformation of Ulysses’ companions into pigs. In the widescreen version I had the sense that everything was «too close». Finally, I also think there is a considerable gain in the scene showing the Greeks climbing the hill that leads to Polyphemus’ cave — I mean the one in which they are seen from the sea, where the IMAX format allows a better appreciation of the sheer mass of the hill. In widescreen the sensation is different.

Beyond this, if one pays attention, one notices that there are several moments in the film where the camera moves from bottom to top or from top to bottom. From bottom to top in the scene where Telemachus is seen practising swordplay with Mentor, or in the aforementioned scene on Polyphemus’ island. From top to bottom, in the fall of the burning towers of Troy and in the beheading of the statue of Athena. This kind of movement is perhaps better suited to a format tending towards the square than to a widescreen one. In other words, the choice of format conditions the use of the camera.

From here, the question is why Nolan opts for a format as specific as 15/70 IMAX — a format that inevitably means few viewers will be able to see the film the way the director originally conceived it. The reasons he has given are that image quality is higher (which has nothing to do with the proportions), that a larger screen is the scale the story demands, thereby satisfying his long-held wish to shoot an entire film in IMAX, that the format achieves the viewer’s immersion without resorting to 3D, and that it offers something that cannot be reproduced at home.

Some of these reasons do not match my experience. If there is higher image quality, to me it is imperceptible compared with the widescreen version, nor did I have any greater sense of immersion than the one you get from widescreen screenings in good theatres. If you sit in the front half of the auditorium you achieve a fine sense of immersion without needing IMAX at all. That said, in terms of what I experienced as a viewer there are differences between seeing the film in widescreen and in its original format, as I have described. Broadly speaking, I would say the film flows more naturally in IMAX, without that sense that in certain images «something is missing». I do not rule out the possibility that this sense of absence was conditioned by my already knowing, while watching the widescreen version, that this was not the original format; but I confirmed it when I was able to see the film in IMAX. And I find it hard to believe that the choice of that format, in terms of framing, has had no influence on the way the story is told.

I am probably over-reading it; but what the hell — that is what art is for: so that the viewer too can turn the director’s choices over in his mind and consider how they affect him. This is part of the fun of watching a film. So let us get to it.

One of the things that has struck me about The Odyssey is that the film rests, to a considerable extent, on the dialogues Ulysses holds with various characters — above all female ones: Athena, Penelope and Calypso. The film is full of scenes in which Ulysses is confronted with these three women; nor are there any shortage of intense moments with Telemachus and the suitors, though these, from my perspective, play a different role. I have in my head shots that Ulysses shares with those three women, but not with Telemachus (where the film relies more on shot and reverse shot, as it does with Circe). By contrast, with the three axes of the story Nolan wants to tell us (which is not, as I tried to explain in the pieces cited at the outset, the same one Homer wants to tell us), those joint shots do appear, and they need nothing around them. In a widescreen format, either the camera is excessively close to the actors or the sides must be filled with «something». In a less elongated format, the human figures occupy the scene naturally. That is to say, the IMAX format is, curiously, less suited to «epic» scenes than widescreen is. I think this can be clearly appreciated in the moment when we see the burials on the beach at Troy. In a widescreen composition one could show a line of armour and helmets stretching from one side to the other. In Nolan’s Odyssey, however, the play is with depth. It is not an expanse of remains to the right and left, but one running from the foreground to the far distance, balanced on the right-hand side by the figure of Ulysses — if memory serves.

The composition of these encounters cannot be accidental. In Penelope’s case we have the scenes before his departure, in which Odysseus and Penelope share a bed, and those at the end, where Ulysses is outside the women’s quarters and Penelope is behind the lattice and positioned slightly higher. In Calypso’s case, when they are seen together (in the same shot) they are standing on the beach. Most striking of all is Athena’s case, because she appears at Ulysses’ side and, at a given moment, vanishes. This happens both on Calypso’s beach and on the beach at Ithaca. That disappearance conveys the character’s solitude very effectively, since suddenly there appears the empty space the goddess has left behind (let us grant, for these purposes, that she is a goddess). In her final disappearance — precisely during the dialogue between Odysseus and Penelope before the slaughter of the suitors — an open door appears behind the place Athena had occupied. I do not know whether it is as clearly visible in the widescreen version; I noticed it in IMAX, and it strikes me as highly significant for the character’s function.

In all these cases the more nearly square IMAX format favours the composition of the scene. In widescreen there would have to be something at the sides that the 1.43:1 ratio simply does not require. This holds too for what I take to be the most significant scene in the film: the imagined beheading of the young woman in the temple of Athena (a priestess, perhaps). The composition of the image resembles a cross, and I do not think that is a coincidence.

It has been said, and rightly, that Nolan uses the Odyssey to construct a moral tale that has nothing to do with Homer. Nolan’s Ulysses is modern, not Homeric. He is a man tormented by guilt and remorse, and it is not until the scene I am discussing that we fully realize it. That guilt and remorse are entirely absent from Homer’s Ulysses and are, in a sense, nothing other than the continuation in this film of the exploration Nolan had begun in Oppenheimer: the remorse of the man who uses his ingenuity to win a war, but at the cost of unleashing an evil that cannot be contained and that leads, in one way or another, to expiation. One might say that he turns a story of the classical world into one that breathes a Christian morality. If that is so, the moment that embodies it is this scene: on the one hand, we see that what we took for a goddess is the memory of guilt; on the other, a pagan statue is beheaded (of a goddess who was, incidentally, a Greek goddess too) at the same time as her priestess is sacrificed. The shift, as I say, from the classical world — with fame and recognition as its goal — to the Christian morality of forgiveness and redemption. Introducing a cross at that moment is, as I say, no accident, and a cross sits badly in a widescreen format.

In short, Nolan has not painted Guernica; he has painted The Third of May 1808. Instead of making a film of great battles and epic camera movements, he creates — though it may not seem so — an almost intimate tale, based on dialogue, in which the grandeur lies in what is told, not in how it is told. Ulysses living out his guilt and his responsibility, confronted with home (Penelope), remorse (Athena) and impossible peace (Calypso). A triad that cannot be satisfactorily resolved, and that leads to the confusion of the slaughter of the suitors.

This is not an Apollonian film; it does not conclude with the warrior’s rest after surmounting the adventures and trials set by the gods. In reality there are no gods (we have already seen that the character of Athena is not, in fact, Athena) but only a man who, trying to do what is right, destroys the world he lived in.

And Nolan chose to shoot it in an almost square format. Probably for none of the reasons I have set out here — but, as I said, this is the eternal game between the creator and those who admire his work.

La Odisea de Nolan: del Guernica a Los fusilamientos del 3 de mayo

Hace unos días, publiqué una entrada sobre «La Odisea» de Nolan (aquí en español y aquí en inglés). Ahora he vuelto a ver la película, pero en esta ocasión en la versión IMAX original; esto es, aquella en la que se rodó la película y que, presumiblemente, sirvió para la planificación de los encuadres. Aquí comentaré lo que me sugirió la comparación entre las dos versiones; siempre con la advertencia de que hablo de memoria. Lo ideal sería tener delante una y otra para poder comprobar cada una de las impresiones, pero como eso no es posible, me conformo con fiarme de lo que recuerdo de uno y otro visionado confiando en la benevolencia del lector.

Desde mi perspectiva, el cambio más importante del formato IMAX al panorámico que se utiliza en la inmensa mayoría de las proyecciones de «La Odisea» no reside en la calidad de la imagen o en el tamaño de la pantalla, sino en la proporción. En el formato panorámico nos encontramos con un rectángulo bastante más largo que alto; mientras que en el formato IMAX estamos más cerca del cuadrado, aunque el ancho sigue siendo mayor que el alto.

Para el encuadre no es lo mismo trabajar sobre una proporción panorámica (2,39:1) que sobre la propia del IMAX 15/70 (el utilizado en La Odisea), en el que la relación entre el ancho y el alto es de 1,43:1. No es lo mismo proyectar «El Guernica» (que tiene unas propociones de 2,22:1) que los fusilamientos del 3 de mayo (con una proporción de 1,29:1).

Para hacerse una idea, veamos cómo quedaría este último cuadro en el formato IMAX y en panorámico.

Son obvias las diferencias de una y otra opción. No es baladí rodar pensando en un formato o en el otro. En el caso de La Odisea, Nolan pensaba en el formtao IMAX; aunque, supongo, también era muy consciente de que la inmensa mayoría de los espectadores verían la película en formato panorámico (solamente hay 41 cines en el mundo que ofrezcan La Odisea en el formato IMAX 15/70; esto es, menos del 1% de los espectadores totales la habrán visto en el formato en el que Nolan la imaginó), por lo que los encuadres del formato panorámico habrán sido también cuidados; no se trataría simplemente de «cortar por donde caiga», sino que habrá un trabajo de ajuste para que la película tenga el máximo sentido posible también en ese formato panorámico.

Ahora bien, ¿se aprecian diferencias de uno a otro formato? A partir de mi experiencia como espectador diría que sí, que hay diferencias en algunos puntos. Reitero, sin embargo, la advertencia de que hablo de memoria a partir de dos visionados de la película en formato panorámico y de un solo visionado en IMAX.

En concreto, donde aprecio mayor diferencia es en las escenas que tienen por escenario la ciudad de Troya. En la versión panorámica la llegada del caballo a la ciudad no te permite verla entera, con aire por encima de los edificios. En la versión IMAX el caballo aparece en la parte inferior y las murallas y las casas van ascendiendo hasta llegar a un cielo que también puede apreciarse. La sensación es de más sosiego, como si la escena estuviera mejor compuesta. Diría que en las escenas de la playa también se gana con este mayor espacio arriba y abajo. Igualmente, en las escenas del incendio de Troya se aprecia una composición diferente. Las torres que caen se aprecian también bien en la versión panorámica, pero la propia construcción de la escena resulta más propia de un formato casi cuadrado que de uno panorámico.

También hay diferencia en algunas escenas en las que aparece Agamenón. La imponente presencia del rey exige un penacho de plumas que en la versión panorámica a veces no se ve totalmente. Me viene a la cabeza tanto la escena del sacrificio de su hija como la del encuentro con Ulises al partir de Troya. Otra escena en la que ese pequeño espacio superior creo que marca la diferencia es la de la conversión de los compañeros de Ulises en cerdos. En la versión panorámica tenía la sensación de que todo estaba «demasiado cerca». Finalmente, también creo que gana bastante la escena en la que se ve a los griegos ascendiendo por la colina que lleva a la cueva de Polifemo. Me refiero a una en la que se les ve desde el mar y donde el formato IMAX permite apreciar mejor la mole de la colina. En la versión panorámica la sensación es diferente.

Aparte de lo anterior, si uno se fija, se dará cuenta de que en la película hay varios momentos en los que la cámara va de abajo hacia arriba o de arriba hacia abajo. De abajo hacia arriba en la escena en la que se ve a Telémaco practicando espada con Mentor o en la ya mencionada de la isla de Polifemo. De arriba hacia abajo, en la caída de las torres incendiadas en Troya o en la decapitación de la estatuta de Atenea. Este tipo de movimiento se ajusta, quizás, mejor a un formato que tiende al cuadrado que en otro panorámico. Es decir, la elección del formato condiciona el uso de la cámara.

A partir de aquí la pregunta es por qué Nolan opta por este formato tan específico como el IMAX 15/70; un formato que conduce, inevitablemente, a que sean pocos los espectadores que puedan ver la película de la forma en que pensó originalmente el director. Las razones que éste ha dado son la de que la calidad de la imagen es mayor (y esto no tiene que ver con las proporciones), que una pantalla más grande es la escala exigida por el relato, pudiendo dar así satisfacción al deseo que siempre tuvo de rodar una película entera en formato IMAX, que con ese formato se consigue la inmersión del espectador sin tener que recurrir al 3D y que de esta forma se ofrece algo que no podrá reproducirse en casa.

Algunas de estas razones no se corresponden con mi experiencia. Si hay una mayor calidad de la imagen, para mí es inapreciable respecto a la panorámica y tampoco tuve una sensación de inmersión mayor de la que se aprecia en las versiones panorámicas que se ofrecen en buenas salas. Si te colocas en filas de la primera mitad de la sala se consigue una buena sensación de inmersión sin necesidad de recurrir al formato IMAX. Ahora bien, en lo que yo viví como espectador sí que hay diferencias entre ver la película en formato panorámico y en su formato original, tal y como he comentado. En líneas generales diría que la película fluye de una manera más natural en formato IMAX sin que parezca que en algunas imágenes «falta algo». No descarto que esta sensación de ausencia pudiera venir condicionada porque ya al ver la película en formato panorámico sabía que no era su formato original; pero lo constaté cuando pude verla en formato IMAX. Y me cuesta creer que la elección de ese formato, en cuanto a encuadre, no haya tenido influencia en la forma de narrar la historia.

Seguramente estoy sobreinterpretando; pero, ¡qué demonios! para eso es el arte, para que el espectador también le de vueltas a las opciones del director y se plantee cómo le afectan. Esto forma parte de la diversión que proporciona ver una película. Así que vamos a ello.

Una de las cosas que me han llamado la atención de la Odisea, es que la película se basa, en buena medida, en los diálogos que sostiene Ulises con distintos personajes. Sobre todo, personajes femeninos: Atenea, Penélope y Calipso. La película está llena de escenas en las que Ulises se confronta con esas tres mujeres; sin que falten tampoco momentos también intensos con Telémaco y los pretendientes; pero que, desde mi perspectiva, juegan un papel diferente. Tengo en la cabeza planos compartidos por Ulises con esas tres mujeres; pero no con Telémaco (donde se recurre más al plano y contraplano, igual que con Circe). En cambio, con los tres ejes de la historia que Nolan nos quiere contar (y que no es, como intentaba explicar en las entradas que citaba al principio la misma que nos quiere contar Homero), sí que aparecen esos planos conjuntos que no precisan nada a su alrededor. En un formato panorámico o la cámara está excesivamente cerca de los actores o es preciso rellenar los lados con «algo». En un formato menos alargado, las figuras humanas ocupan con naturalidad la escena. Esto es, el formato IMAX, curiosamente, es menos adecuado para escenas «épicas» que el panorámico. Creo que esto se aprecia bien en el momento en el que se ven los enterramientos en la playa de Troya. En una composición panorámica se podría ver una línea de armaduras y yelmos que se extendiera de uno a otro lado. En la Odisea de Nolan, sin embargo, se juega con la profundidad. No es una extensión de restos a derecha e izquierda, sino del primer plano hasta el fondo, equilibrados en el lado derecho por la figura de Ulises, sin la memoria no me falla.

La composición de estos encuentros no puede ser casual. En el caso de Penélope tenemos las escenas antes de la partida, en las que Odiseo y Penélope comparten lecho y en las del final, Ulises está fuera del recinto de las mujeres y Penélope tras la celosía y situada un poco más arriba. En el caso de Calipso, cuando se les ve juntos (en el mismo plano) están en la playa, de pie y lo más llamativo es el caso de Atenea, porque ésta aparece al lado de Ulises y, en un momento dado, desaparece. Sucede así tanto en la playa de Calipso como en la de Ítaca. Esa desaparición transmite bien la soledad del personaje pues, de pronto, aparece el espacio vacío que ha dejado la diosa (admitamos a estos efectos que es una diosa). En su última desaparición, precisamente en el diálogo entre Odiseo y Penélope antes de la matanza de los pretendientes aparece tras el lugar que ocupaba Atenea una puerta abierta, que no sé si se ve con tanta claridad en la versión panorámica, yo me di cuenta de ella en la versión en IMAX que, me parece, es muy significativa para la función del personaje.

En todos estos caso el formato más cuadrado del IMAX favorece la composición de la escena. En un formato panorámico tendría que haber algo a los lados que no precisa la proporción 1,43:1. Esto vale también para la que, creo, es la escena más significativa de la película, la imaginada decapitación de la joven en el templo de Atenea (quizás una sacerdotisa). La composición de la imagen asemeja a la de una cruz, y no creo que sea casualidad.

Se ha dicho, y con razón, que Nolan utiliza la Odisea para construir un relato moral que nada tiene que ver con Homero. El Ulises de Nolan es moderno, no homérico. Es una persona torturada por la culpa y el arrepentimiento, y no es hasta la escena que comento que nos damos cuenta plenamente de ello. Esta culpa y arrepentimiento están completamente ausentes del Ulises de Homero y, en cierta forma, no son más que la continuacion en esta película de la exploración que Nolan había iniciado en Oppenheimer sobre los remordimientos de quien utiliza su ingenio para ganar una guerra pero a costa de desencadenar un mal que no puede ser contenido y que lleva, de una forma u otra a la expiación. Podría decirse que convierte una historia del mundo clásico en una que respira la moralidad cristiana. Si esto fuera así, el momento que lo representa es esta escena: por una parte vemos que lo que creíamos una diosa es el recuerdo de la culpa; por otra, se decapita una estatua pagana (por cierto, de una diosa que también lo era de los griegos) a la vez que se sacrifica a su sacerdotisa. El paso, como digo, del mundo clásico, de la fama y el reconocimiento como objetivo a la moral cristiana del perdón y de la redención. Introducir una cruz en ese momento, como digo, no es casual, y una cruz casa mal en un formato panorámico.

En definitiva, Nolan no ha pintado el Guernica, sino «Los fusilamientos del 3 de mayo». En vez de hacer una película de grandes batallas y movimientos épicos de cámara, crea, aunque no lo parezca, un relato casi íntimo, basado en el diálogo y en el que la grandeza está en lo que se cuenta, no en cómo se cuenta. Ulises viviendo su culpa y responsabilidad, confrontado con el hogar (Penélope), el remordimiento (Atenea) y la imposible paz (Calipso). Un trío que no puede ser resuelto de manera satisfactoria y que lleva a la confusión de la matanza de los pretendientes.

No es una película apolínea, no concluye con el descanso del guerrero tras superar las aventuras y pruebas de los dioses. En realidad, no hay dioses (ya hemos visto que el personaje de Atenea no es, en realidad, Atenea) sino tan solo un hombre que, intendo hacer lo correcto, destruye el mundo en el que vivía.

Y Nolan ha querido rodarlo en un formato casi cuadrado. Seguramente, por nada de lo que aquí apunto, pero, como decía, este es juego eterno entre el creador y los que admiran su obra.