Hace unos días, publiqué una entrada sobre «La Odisea» de Nolan (aquí en español y aquí en inglés). Ahora he vuelto a ver la película, pero en esta ocasión en la versión IMAX original; esto es, aquella en la que se rodó la película y que, presumiblemente, sirvió para la planificación de los encuadres. Aquí comentaré lo que me sugirió la comparación entre las dos versiones; siempre con la advertencia de que hablo de memoria. Lo ideal sería tener delante una y otra para poder comprobar cada una de las impresiones, pero como eso no es posible, me conformo con fiarme de lo que recuerdo de uno y otro visionado confiando en la benevolencia del lector.
Desde mi perspectiva, el cambio más importante del formato IMAX al panorámico que se utiliza en la inmensa mayoría de las proyecciones de «La Odisea» no reside en la calidad de la imagen o en el tamaño de la pantalla, sino en la proporción. En el formato panorámico nos encontramos con un rectángulo bastante más largo que alto; mientras que en el formato IMAX estamos más cerca del cuadrado, aunque el ancho sigue siendo mayor que el alto.
Para el encuadre no es lo mismo trabajar sobre una proporción panorámica (2,39:1) que sobre la propia del IMAX 15/70 (el utilizado en La Odisea), en el que la relación entre el ancho y el alto es de 1,43:1. No es lo mismo proyectar «El Guernica» (que tiene unas propociones de 2,22:1) que los fusilamientos del 3 de mayo (con una proporción de 1,29:1).


Para hacerse una idea, veamos cómo quedaría este último cuadro en el formato IMAX y en panorámico.

Son obvias las diferencias de una y otra opción. No es baladí rodar pensando en un formato o en el otro. En el caso de La Odisea, Nolan pensaba en el formtao IMAX; aunque, supongo, también era muy consciente de que la inmensa mayoría de los espectadores verían la película en formato panorámico (solamente hay 41 cines en el mundo que ofrezcan La Odisea en el formato IMAX 15/70; esto es, menos del 1% de los espectadores totales la habrán visto en el formato en el que Nolan la imaginó), por lo que los encuadres del formato panorámico habrán sido también cuidados; no se trataría simplemente de «cortar por donde caiga», sino que habrá un trabajo de ajuste para que la película tenga el máximo sentido posible también en ese formato panorámico.
Ahora bien, ¿se aprecian diferencias de uno a otro formato? A partir de mi experiencia como espectador diría que sí, que hay diferencias en algunos puntos. Reitero, sin embargo, la advertencia de que hablo de memoria a partir de dos visionados de la película en formato panorámico y de un solo visionado en IMAX.

En concreto, donde aprecio mayor diferencia es en las escenas que tienen por escenario la ciudad de Troya. En la versión panorámica la llegada del caballo a la ciudad no te permite verla entera, con aire por encima de los edificios. En la versión IMAX el caballo aparece en la parte inferior y las murallas y las casas van ascendiendo hasta llegar a un cielo que también puede apreciarse. La sensación es de más sosiego, como si la escena estuviera mejor compuesta. Diría que en las escenas de la playa también se gana con este mayor espacio arriba y abajo. Igualmente, en las escenas del incendio de Troya se aprecia una composición diferente. Las torres que caen se aprecian también bien en la versión panorámica, pero la propia construcción de la escena resulta más propia de un formato casi cuadrado que de uno panorámico.
También hay diferencia en algunas escenas en las que aparece Agamenón. La imponente presencia del rey exige un penacho de plumas que en la versión panorámica a veces no se ve totalmente. Me viene a la cabeza tanto la escena del sacrificio de su hija como la del encuentro con Ulises al partir de Troya. Otra escena en la que ese pequeño espacio superior creo que marca la diferencia es la de la conversión de los compañeros de Ulises en cerdos. En la versión panorámica tenía la sensación de que todo estaba «demasiado cerca». Finalmente, también creo que gana bastante la escena en la que se ve a los griegos ascendiendo por la colina que lleva a la cueva de Polifemo. Me refiero a una en la que se les ve desde el mar y donde el formato IMAX permite apreciar mejor la mole de la colina. En la versión panorámica la sensación es diferente.
Aparte de lo anterior, si uno se fija, se dará cuenta de que en la película hay varios momentos en los que la cámara va de abajo hacia arriba o de arriba hacia abajo. De abajo hacia arriba en la escena en la que se ve a Telémaco practicando espada con Mentor o en la ya mencionada de la isla de Polifemo. De arriba hacia abajo, en la caída de las torres incendiadas en Troya o en la decapitación de la estatuta de Atenea. Este tipo de movimiento se ajusta, quizás, mejor a un formato que tiende al cuadrado que en otro panorámico. Es decir, la elección del formato condiciona el uso de la cámara.
A partir de aquí la pregunta es por qué Nolan opta por este formato tan específico como el IMAX 15/70; un formato que conduce, inevitablemente, a que sean pocos los espectadores que puedan ver la película de la forma en que pensó originalmente el director. Las razones que éste ha dado son la de que la calidad de la imagen es mayor (y esto no tiene que ver con las proporciones), que una pantalla más grande es la escala exigida por el relato, pudiendo dar así satisfacción al deseo que siempre tuvo de rodar una película entera en formato IMAX, que con ese formato se consigue la inmersión del espectador sin tener que recurrir al 3D y que de esta forma se ofrece algo que no podrá reproducirse en casa.
Algunas de estas razones no se corresponden con mi experiencia. Si hay una mayor calidad de la imagen, para mí es inapreciable respecto a la panorámica y tampoco tuve una sensación de inmersión mayor de la que se aprecia en las versiones panorámicas que se ofrecen en buenas salas. Si te colocas en filas de la primera mitad de la sala se consigue una buena sensación de inmersión sin necesidad de recurrir al formato IMAX. Ahora bien, en lo que yo viví como espectador sí que hay diferencias entre ver la película en formato panorámico y en su formato original, tal y como he comentado. En líneas generales diría que la película fluye de una manera más natural en formato IMAX sin que parezca que en algunas imágenes «falta algo». No descarto que esta sensación de ausencia pudiera venir condicionada porque ya al ver la película en formato panorámico sabía que no era su formato original; pero lo constaté cuando pude verla en formato IMAX. Y me cuesta creer que la elección de ese formato, en cuanto a encuadre, no haya tenido influencia en la forma de narrar la historia.
Seguramente estoy sobreinterpretando; pero, ¡qué demonios! para eso es el arte, para que el espectador también le de vueltas a las opciones del director y se plantee cómo le afectan. Esto forma parte de la diversión que proporciona ver una película. Así que vamos a ello.
Una de las cosas que me han llamado la atención de la Odisea, es que la película se basa, en buena medida, en los diálogos que sostiene Ulises con distintos personajes. Sobre todo, personajes femeninos: Atenea, Penélope y Calipso. La película está llena de escenas en las que Ulises se confronta con esas tres mujeres; sin que falten tampoco momentos también intensos con Telémaco y los pretendientes; pero que, desde mi perspectiva, juegan un papel diferente. Tengo en la cabeza planos compartidos por Ulises con esas tres mujeres; pero no con Telémaco (donde se recurre más al plano y contraplano, igual que con Circe). En cambio, con los tres ejes de la historia que Nolan nos quiere contar (y que no es, como intentaba explicar en las entradas que citaba al principio la misma que nos quiere contar Homero), sí que aparecen esos planos conjuntos que no precisan nada a su alrededor. En un formato panorámico o la cámara está excesivamente cerca de los actores o es preciso rellenar los lados con «algo». En un formato menos alargado, las figuras humanas ocupan con naturalidad la escena. Esto es, el formato IMAX, curiosamente, es menos adecuado para escenas «épicas» que el panorámico. Creo que esto se aprecia bien en el momento en el que se ven los enterramientos en la playa de Troya. En una composición panorámica se podría ver una línea de armaduras y yelmos que se extendiera de uno a otro lado. En la Odisea de Nolan, sin embargo, se juega con la profundidad. No es una extensión de restos a derecha e izquierda, sino del primer plano hasta el fondo, equilibrados en el lado derecho por la figura de Ulises, sin la memoria no me falla.
La composición de estos encuentros no puede ser casual. En el caso de Penélope tenemos las escenas antes de la partida, en las que Odiseo y Penélope comparten lecho y en las del final, Ulises está fuera del recinto de las mujeres y Penélope tras la celosía y situada un poco más arriba. En el caso de Calipso, cuando se les ve juntos (en el mismo plano) están en la playa, de pie y lo más llamativo es el caso de Atenea, porque ésta aparece al lado de Ulises y, en un momento dado, desaparece. Sucede así tanto en la playa de Calipso como en la de Ítaca. Esa desaparición transmite bien la soledad del personaje pues, de pronto, aparece el espacio vacío que ha dejado la diosa (admitamos a estos efectos que es una diosa). En su última desaparición, precisamente en el diálogo entre Odiseo y Penélope antes de la matanza de los pretendientes aparece tras el lugar que ocupaba Atenea una puerta abierta, que no sé si se ve con tanta claridad en la versión panorámica, yo me di cuenta de ella en la versión en IMAX que, me parece, es muy significativa para la función del personaje.
En todos estos caso el formato más cuadrado del IMAX favorece la composición de la escena. En un formato panorámico tendría que haber algo a los lados que no precisa la proporción 1,43:1. Esto vale también para la que, creo, es la escena más significativa de la película, la imaginada decapitación de la joven en el templo de Atenea (quizás una sacerdotisa). La composición de la imagen asemeja a la de una cruz, y no creo que sea casualidad.

Se ha dicho, y con razón, que Nolan utiliza la Odisea para construir un relato moral que nada tiene que ver con Homero. El Ulises de Nolan es moderno, no homérico. Es una persona torturada por la culpa y el arrepentimiento, y no es hasta la escena que comento que nos damos cuenta plenamente de ello. Esta culpa y arrepentimiento están completamente ausentes del Ulises de Homero y, en cierta forma, no son más que la continuacion en esta película de la exploración que Nolan había iniciado en Oppenheimer sobre los remordimientos de quien utiliza su ingenio para ganar una guerra pero a costa de desencadenar un mal que no puede ser contenido y que lleva, de una forma u otra a la expiación. Podría decirse que convierte una historia del mundo clásico en una que respira la moralidad cristiana. Si esto fuera así, el momento que lo representa es esta escena: por una parte vemos que lo que creíamos una diosa es el recuerdo de la culpa; por otra, se decapita una estatua pagana (por cierto, de una diosa que también lo era de los griegos) a la vez que se sacrifica a su sacerdotisa. El paso, como digo, del mundo clásico, de la fama y el reconocimiento como objetivo a la moral cristiana del perdón y de la redención. Introducir una cruz en ese momento, como digo, no es casual, y una cruz casa mal en un formato panorámico.
En definitiva, Nolan no ha pintado el Guernica, sino «Los fusilamientos del 2 de mayo». En vez de hacer una película de grandes batallas y movimientos épicos de cámara, crea, aunque no lo parezca, un relato casi íntimo, basado en el diálogo y en el que la grandeza está en lo que se cuenta, no en cómo se cuenta. Ulises viviendo su culpa y responsabilidad, confrontado con el hogar (Penélope), el remordimiento (Atenea) y la imposible paz (Calipso). Un trío que no puede ser resuelto de manera satisfactoria y que lleva a la confusión de la matanza de los pretendientes.
No es una película apolínea, no concluye con el descanso del guerrero tras superar las aventuras y pruebas de los dioses. En realidad, no hay dioses (ya hemos visto que el personaje de Atenea no es, en realidad, Atenea) sino tan solo un hombre que, intendo hacer lo correcto, destruye el mundo en el que vivía.
Y Nolan ha querido rodarlo en un formato casi cuadrado. Seguramente, por nada de lo que aquí apunto, pero, como decía, este es juego eterno entre el creador y los que admiran su obra.