Autor: Rafael Arenas García

Nací, vi gente junto a mi, lluvia tras los cristales. Estudié, algo aprendí. Creí amar y amé. Engendré y ahora junto al mar espero amanecer.

Cronos y los atentados del año 2017 en Cataluña. Lo que en la película no se ve

Ayer vi Cronos, la película sobre los atentados de Barcelona y Cambrils en agosto de 2017.

Comienzo diciendo que la película, como entretenimiento, funciona (en mi opinión). Hay, obviamente, acción, ritmo y los diferentes puntos de vista (agentes en la calle, centro de mando, disputas políticas, comunicación, la situación en Ripoll…) están bien articulados. Quien vea la película sin tener conocimiento del atentado real o solamente un conocimiento supeficial verá una película de terroristas muy alejada de los estándares hollywodenses; pero -desde mi punto de vista- para mejor. Los policías parecen más reales, menos robóticos y las reacciones (intentar huir primero, luego dar la vuelta y enfrentarse a los terroristas, por ejemplo) creo que están bien logradas.

Dejando claro lo anterior, sin embargo, también creo que hay que advertir que el relato que hace de los atentados es sesgado, y no de una manera inocente. Me explico.

La película comienza con una explosión en Alcanar. Se nos indica que esa explosión sucedió una hora antes de los atentados en Barcelona. Luego, durante la película, se hace referencia a la explosión en Alcanar y, además, se indica que la que hemos visto al comienzo es una segunda explosión; pero esa primera explosión no aparece en la película en ningún momento. Es una opción del guionista y del director, por supuesto; pero, como digo, no es una opción inocente. Para quien vea la película sin tener fresco lo que pasó aquellos días, verá que hay una explosión en Alcanar y que, casi inmediatamente, se produce la masacre en las Ramblas de Barcelona; lo que pasó antes de esa (segunda) explosión en Alcanar no queda reflejado y, sin embargo, lo que sucedió entre esa primera explosión, el dia 16 de agosto por la noche es muy relevante.

El 16 de agosto, un poco antes de la medianoche se produce una explosión y los Mossos se personan en el lugar. Hay dos muertos. Encuentran numerosas bombonas de butano y se inician actuaciones judiciales, pero se trabaja sobre la hipótesis de que fue un accidente.

Como se supo tras los atentados de las Ramblas, la explosión de Alcanar no fue un accidente doméstico, sino que estaba vinculada a la preparación de atentados terroristas. ¿Podía haberse sospechado? Sin duda. De hecho, según se pubicó en su momento, la Guardia Civil ofreció la posibilidad de que su GEDEX de Tarragona inspeccionara la casa, pero esa ayuda fue rechazada por los Mossos, quienes no investigaron la explosión como algo relacionado con el terrorismo. También se informó durante aquellos días que la Jueza Instructora responsable de la investigación apuntó en esa dirección y los Mossos le dijeron que no exagerara.

Lo que acabo de comentar no sale en la película. Y, hasta donde sé, no se ha investigado qué se hizo en esas horas decisivas y cómo se pudo cometer un error de juicio con las consecuencias que tuvo. Por supuesto, repito, desde la perspectiva de la película es una opción partir del atropello en Barcelona y relatar lo que sucedió desde el punto de vista de quienes lo vivieron a partir de entonces; pero, si esto es así, sobra la primera escena con la explosión en Alcanar; porque esa explosión, si no va acompañada de la primera, ocurrida la víspera, lleva al espectador a una impresión equivocada sobre lo sucedido: el espectador pensará que no hubo tiempo material para reaccionar o vincular una cosa con otra. En cambio, en la realidad sí que hubo ese tiempo y casi diez años después está pendiente la explicación de qué es lo que pasó, por qué no se investigó la relación entre la explosión y el terrorismo y por qué se negó a la Guardia Civil la posibilidad de cooperar en la investigación.

Además, la película da cuenta de la situción de despreocupación en que vivían los Mossos quince horas después de la primera explosión en Alcanar. Su jefa de comunicación en un parque acuático con su familia y con el teléfono profesional apagado; los mossos de Barcelona buscando carteristas, uno de los jefes se encuentra patrullando mientras comenta los efectos de los móviles en los niños… Si la víspera se hubiera advertido la conexión entre las bombonas de butano y un posible atentado la situación y actitud de unos y otros sería completamente diferente.

No sabemos por qué los Mossos optaron por no analizar la posibilidad de que la explosión de Alcanar estuviera vinculada con el terrorismo; pero sí podemos plantear alguna hipótesis de por qué se rechazó la colaboración con la Guardia Civil.

El atentado se produjo en el año del procés. Unas semanas después del atropellamiento en las Ramblas, el Parlamento de Cataluña aprobó las leyes de desconexión y tres semanas más tarde tuvimos el referéndum de autodeterminación, la «parada de país», el discurso del Rey y las declaraciones de independencia del 10 y 27 de octubre; así como la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Desde la Generalitat se pretendía mostrar que Cataluña ya operaba como un país independiente y no podían permitir que un atentado terrorista cambiara eso. De hecho, en la película -que recoge de manera resumida algo de esas tensiones- un personaje que parece estar vinculado con la Generalitat dice que «eso» va de algo más que detener a unos terroristas. Para los que vivimos aquellas semanas, era algo evidente. La Generalitat utilizó los atentados como escaparate ante el mundo mostrando el control que tenía sobre todo el territorio. La entrada de la Guardia Civil o la Policía Nacional sería contraproducente desde esa perspectiva.

Y desde el lado del Gobierno de España, no se desconocía que las decisiones que tomaran en relación a la gestión del atentado (atentados) terroristas, tendrían consecuencias en la relación con la Generalitat, puesto que, como se ha indicado, el plan de ésta era que la operación contra los terroristas de las Ramblas fuera la puesta de largo de la policía autonómica como institución de estado. Creo que solamente así se explica, por ejemplo, que no se hubiera activado la Ley de Seguridad Nacional o que la Comisión Seguridad Nacional tarde dos días en reunirse tras los atentados, sin que en dicha reunión se hubiera elevado el nivel de alerta terrorista. En la película sale de refilón este tema, curiosamente en forma de reproche por parte de la jefa de comunicación de los Mossos, lo que no sé si resulta creible, porque la posición de la Generalitat era, precisamente, la de limitar el papel del Estado en la resolución del caso, y elevar el nivel de alerta terrorista a 5 hubiera implicado la posibilidad de que el ejército se incorporara a la patrulla de las calles. Imagínense eso a semanas de que se produjera el referéndum de secesión. Al final esto no pasó, el Estado quedó en segundo plano, la alerta antiterrorista se mantuvo en 4 y no hubo aplicación de la Ley de Seguridad Nacional; quizás no por razones policiales o de seguridad, sino para limitar tensiones entre el Gobierno de España y la Generalitat (algo de esto también sale en la película).

La eliminación de la primera explosión en Alcanar, por tanto, no es -como adelantaba- inocente. Evita el punto en el que la eficacia de los Mossos podría ser puesta en cuestión con mayor fundamento y limita las tensiones entre los Mossos, la Policía Nacional y la Guardia Civil a un tema político, sin que se perciba la forma en que esas tensiones afectaron a la seguridad. El resultado es una película en la que la policía autonómica sale, en general, bien parada; aunque yo siempre me he preguntado qué dirían los mismos que aplaudieron a los Mossos si hubieran sido policías nacionales o guardias civiles los que hubieran matado a tiros al último terrorista que se localizó en unos viñedos. Siempre me he preguntado si una policía moderna no debería disponer de medios para reducir al criminal sin matarlo, máxime cuando en los casos anteriores de terroristas huidos y abatidos ya se había visto que los cinturones que llevaban aparentando explosivos eran falsos. Lo que se ve en la película -y responde a la realidad- es que quienes abaten a los terroristas en Cambrils y en Subirats son mossos sin formación específica antiterrorista. Me pregunto si, en esas circunstancias no se hubiera podido hacer un uso más extenso de las unidades especiales no solo de los Mossos, sino también de la Guardia Civil, de la Policía Nacional o, incluso, del ejército, más preparados para situaciones como las que tuvieron que abordar los policías «de a pie» que se enfrentaron a los terroristas. Insisto en que no es una objeción y, desde luego, no implica ningún reproche a los agentes que intervinieron sobre el terreno, sino una pregunta dirigida a quienes organizaban el dispositivo. En Cambrils, por las circunstancias y rapidez con que todo se produjo probablemente no había alternativa; pero en Subirats, varios días después de los atentados, habiendo en España varios centenares de agentes (entre Policía Nacional, Guardia Civil Mossos, Ertaintza) especializados en la lucha contra el terrorismo ¿era necesario que fueran dos agentes ordinarios los que intentaran detener al terrorista? En su momento, conmocionados por el atentado, todavía atemorizados, recuerdo el alivio al saber que el último terrorista ya no podría hacer daño. La película, además, refleja ese momento; pero pasado ese primer impulso es necesario pensar en las posibilidades que habría para haberlo capturado con vida; incluso con el objetivo de obtener información que pudiera ser valiosa. Como digo, sin embargo, esto es una pregunta, no una crítica.

En cambio, sí que es una crítica explícita la gestión de la primera explosión en Alcanar y, en lo que se refiere a la película, la inclusión de la segunda explosión sin que se cuente también la primera. Como obra de ficción, por supuesto, la libertad es total; pero, desde el punto de vista narrativo, ¿qué aporta esa segunda explosión si lo que se va a narrar es la respuesta a los atropellos de Barcelona? Parece que está ahí por otro motivo: para cerrar un relato que pretende ser positivo para la policía. Con sus clarooscuros, claro (no estamos en Hollywood, como he dicho), pero claramente positivo.

Han pasado casi diez años. Entonces ya señalé la falta de coordinación y las consecuencias políticas de los atentados. La película Cronos nos obliga a volver sobre ello. No dejemos que los errores que entonces hubo queden enterrados por un relato sesgado.

National procedural autonomy, effectiveness of EU law and… Fernando Fernán Gómez

I have just finished a commentary on the Luxembourg Court’s judgment in Quotal (judgment of the Court of Justice of 4 June 2026, C-198/25), which I hope will be published in the coming months.

Here I am posting an advance English version of that commentary (translated by Claude Opus 5).

The subject is fairly technical. It looks at how the principle of procedural autonomy and the requirement of effectiveness of EU law «compete» in a very specific problem: judicial remedies against administrative decisions on asylum applications (international protection). From there, it examines the role of the reviewing court and the requirements flowing both from EU legislation and from the case-law of the Luxembourg Court. It analyses, in particular, the procedural rules of the Netherlands and of Spain and the way in which they meet the requirements of EU law. It also deals with the replacement of Directive 2013/32/EU by Regulation (EU) 2024/1348.

Despite how specific the topic is, as I was writing the commentary — while examining the relationship between the principle of procedural autonomy, on the one hand, and the effectiveness of EU law, on the other — a scene from El viaje a ninguna parte, Fernando Fernán Gómez’s film, kept coming to mind.

The commentary can be read below.

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Acabo de terminar un comentario a la sentencia Quotal del Tribunal de Luxemburgo (STJ de 4 de junio de 2026, C-198/25) que espero que se publique en los próximos meses.

Aquí adelanto una versión en inglés de dicho comentario (traducción hecha por Claude Opus 5).

El tema es bastante técnico. Se trata de ver en qué forma «compiten» el principio de autonomía procesal y la exigencia de efecto útil en un problema muy específico: los recursos judiciales contra las decisiones de la administración en relación a las peticiones de asilo (protección internacional). A partir de ahí se examina el papel del órgano jurisdiccional revisor y las exigencias tanto de la normativa de la UE como de la doctrina del Tribunal de Luxemburgo. Se analiza, en concreto, la regulación procesal de los Países Bajos y de España y la forma en que se adecuan a las exigencias del Derecho de la UE. También se trata el desplazamiento de la Directiva 2013/32/UE por el Reglamento (UE) 2024/1348.

Pese a lo específico del tema, a medida que escribía el comentario, al examinar la relación entre, por una parte, el principio de autonomía procesal y, por otra parte, el efecto útil del Derecho de la UE, me venía a la cabeza una escena de «El viaje a ninguna parte», la película de Fernando Fernán Gómez.

A continuación, puede leerse el comentario.

Nolan’s Odissey: From Guernica to The Third of May

A few days ago I published a piece on Nolan’s The Odyssey (in Spanish here and in English here). I have now seen the film again, this time in the original IMAX version — that is, the format in which it was shot and which, presumably, governed the planning of the framing. Here I will set down what the comparison between the two versions suggested to me, with the caveat throughout that I am speaking from memory. Ideally one would have both versions side by side in order to verify each impression, but since that is not possible, I will content myself with trusting what I remember from each viewing, and rely on the reader’s indulgence.

From my point of view, the most important change from the IMAX format to the widescreen version used in the overwhelming majority of screenings of The Odyssey lies not in image quality or screen size, but in the proportions. In widescreen we are dealing with a rectangle considerably wider than it is tall, whereas in IMAX we are closer to a square, even though the width still exceeds the height.

For framing purposes, it is not the same thing to work in widescreen proportions (2.39:1) as in the 15/70 IMAX ratio used in The Odyssey, where the relationship between width and height is 1.43:1. It is not the same thing to project Guernica (whose proportions are 2.22:1) as The Third of May 1808 (at 1.29:1).

To get a sense of this, let us see how the latter painting would look in IMAX and in widescreen.

The differences between the two options are obvious. Shooting with one format or the other in mind is no trivial matter. In the case of The Odyssey, Nolan was thinking in IMAX; although, I imagine, he was also well aware that the vast majority of viewers would see the film in widescreen (there are only 41 cinemas in the world showing The Odyssey in 15/70 IMAX — meaning that fewer than 1% of all viewers will have seen it in the format in which Nolan imagined it), so the widescreen framings will also have been carefully attended to. It would not simply be a matter of «cropping wherever it falls»; there will have been a process of adjustment so that the film makes as much sense as possible in widescreen too.

Now then, are there differences to be perceived between one format and the other? Speaking from my experience as a viewer, I would say yes, that there are differences at certain points. I repeat, however, the warning that I am speaking from memory, on the basis of two viewings of the film in widescreen and a single viewing in IMAX.

Specifically, where I perceive the greatest difference is in the scenes set in the city of Troy. In the widescreen version, the arrival of the horse at the city does not allow you to see the whole of it, with air above the buildings. In the IMAX version the horse appears in the lower part of the frame and the walls and houses rise until they reach a sky that can also be taken in. The sensation is one of greater calm, as though the scene were better composed. I would say that the beach scenes also gain from this extra space above and below. Likewise, in the scenes of the burning of Troy one perceives a different composition. The collapsing towers register perfectly well in widescreen too, but the very construction of the scene feels more suited to an almost square format than to an elongated one.

There is also a difference in some of the scenes featuring Agamemnon. The king’s imposing presence requires a plume of feathers that in the widescreen version is sometimes not fully visible. Two scenes come to mind: the sacrifice of his daughter and the encounter with Ulysses on leaving Troy. Another scene in which that small amount of space at the top makes the difference, I think, is the transformation of Ulysses’ companions into pigs. In the widescreen version I had the sense that everything was «too close». Finally, I also think there is a considerable gain in the scene showing the Greeks climbing the hill that leads to Polyphemus’ cave — I mean the one in which they are seen from the sea, where the IMAX format allows a better appreciation of the sheer mass of the hill. In widescreen the sensation is different.

Beyond this, if one pays attention, one notices that there are several moments in the film where the camera moves from bottom to top or from top to bottom. From bottom to top in the scene where Telemachus is seen practising swordplay with Mentor, or in the aforementioned scene on Polyphemus’ island. From top to bottom, in the fall of the burning towers of Troy and in the beheading of the statue of Athena. This kind of movement is perhaps better suited to a format tending towards the square than to a widescreen one. In other words, the choice of format conditions the use of the camera.

From here, the question is why Nolan opts for a format as specific as 15/70 IMAX — a format that inevitably means few viewers will be able to see the film the way the director originally conceived it. The reasons he has given are that image quality is higher (which has nothing to do with the proportions), that a larger screen is the scale the story demands, thereby satisfying his long-held wish to shoot an entire film in IMAX, that the format achieves the viewer’s immersion without resorting to 3D, and that it offers something that cannot be reproduced at home.

Some of these reasons do not match my experience. If there is higher image quality, to me it is imperceptible compared with the widescreen version, nor did I have any greater sense of immersion than the one you get from widescreen screenings in good theatres. If you sit in the front half of the auditorium you achieve a fine sense of immersion without needing IMAX at all. That said, in terms of what I experienced as a viewer there are differences between seeing the film in widescreen and in its original format, as I have described. Broadly speaking, I would say the film flows more naturally in IMAX, without that sense that in certain images «something is missing». I do not rule out the possibility that this sense of absence was conditioned by my already knowing, while watching the widescreen version, that this was not the original format; but I confirmed it when I was able to see the film in IMAX. And I find it hard to believe that the choice of that format, in terms of framing, has had no influence on the way the story is told.

I am probably over-reading it; but what the hell — that is what art is for: so that the viewer too can turn the director’s choices over in his mind and consider how they affect him. This is part of the fun of watching a film. So let us get to it.

One of the things that has struck me about The Odyssey is that the film rests, to a considerable extent, on the dialogues Ulysses holds with various characters — above all female ones: Athena, Penelope and Calypso. The film is full of scenes in which Ulysses is confronted with these three women; nor are there any shortage of intense moments with Telemachus and the suitors, though these, from my perspective, play a different role. I have in my head shots that Ulysses shares with those three women, but not with Telemachus (where the film relies more on shot and reverse shot, as it does with Circe). By contrast, with the three axes of the story Nolan wants to tell us (which is not, as I tried to explain in the pieces cited at the outset, the same one Homer wants to tell us), those joint shots do appear, and they need nothing around them. In a widescreen format, either the camera is excessively close to the actors or the sides must be filled with «something». In a less elongated format, the human figures occupy the scene naturally. That is to say, the IMAX format is, curiously, less suited to «epic» scenes than widescreen is. I think this can be clearly appreciated in the moment when we see the burials on the beach at Troy. In a widescreen composition one could show a line of armour and helmets stretching from one side to the other. In Nolan’s Odyssey, however, the play is with depth. It is not an expanse of remains to the right and left, but one running from the foreground to the far distance, balanced on the right-hand side by the figure of Ulysses — if memory serves.

The composition of these encounters cannot be accidental. In Penelope’s case we have the scenes before his departure, in which Odysseus and Penelope share a bed, and those at the end, where Ulysses is outside the women’s quarters and Penelope is behind the lattice and positioned slightly higher. In Calypso’s case, when they are seen together (in the same shot) they are standing on the beach. Most striking of all is Athena’s case, because she appears at Ulysses’ side and, at a given moment, vanishes. This happens both on Calypso’s beach and on the beach at Ithaca. That disappearance conveys the character’s solitude very effectively, since suddenly there appears the empty space the goddess has left behind (let us grant, for these purposes, that she is a goddess). In her final disappearance — precisely during the dialogue between Odysseus and Penelope before the slaughter of the suitors — an open door appears behind the place Athena had occupied. I do not know whether it is as clearly visible in the widescreen version; I noticed it in IMAX, and it strikes me as highly significant for the character’s function.

In all these cases the more nearly square IMAX format favours the composition of the scene. In widescreen there would have to be something at the sides that the 1.43:1 ratio simply does not require. This holds too for what I take to be the most significant scene in the film: the imagined beheading of the young woman in the temple of Athena (a priestess, perhaps). The composition of the image resembles a cross, and I do not think that is a coincidence.

It has been said, and rightly, that Nolan uses the Odyssey to construct a moral tale that has nothing to do with Homer. Nolan’s Ulysses is modern, not Homeric. He is a man tormented by guilt and remorse, and it is not until the scene I am discussing that we fully realize it. That guilt and remorse are entirely absent from Homer’s Ulysses and are, in a sense, nothing other than the continuation in this film of the exploration Nolan had begun in Oppenheimer: the remorse of the man who uses his ingenuity to win a war, but at the cost of unleashing an evil that cannot be contained and that leads, in one way or another, to expiation. One might say that he turns a story of the classical world into one that breathes a Christian morality. If that is so, the moment that embodies it is this scene: on the one hand, we see that what we took for a goddess is the memory of guilt; on the other, a pagan statue is beheaded (of a goddess who was, incidentally, a Greek goddess too) at the same time as her priestess is sacrificed. The shift, as I say, from the classical world — with fame and recognition as its goal — to the Christian morality of forgiveness and redemption. Introducing a cross at that moment is, as I say, no accident, and a cross sits badly in a widescreen format.

In short, Nolan has not painted Guernica; he has painted The Third of May 1808. Instead of making a film of great battles and epic camera movements, he creates — though it may not seem so — an almost intimate tale, based on dialogue, in which the grandeur lies in what is told, not in how it is told. Ulysses living out his guilt and his responsibility, confronted with home (Penelope), remorse (Athena) and impossible peace (Calypso). A triad that cannot be satisfactorily resolved, and that leads to the confusion of the slaughter of the suitors.

This is not an Apollonian film; it does not conclude with the warrior’s rest after surmounting the adventures and trials set by the gods. In reality there are no gods (we have already seen that the character of Athena is not, in fact, Athena) but only a man who, trying to do what is right, destroys the world he lived in.

And Nolan chose to shoot it in an almost square format. Probably for none of the reasons I have set out here — but, as I said, this is the eternal game between the creator and those who admire his work.

La Odisea de Nolan: del Guernica a Los fusilamientos del 3 de mayo

Hace unos días, publiqué una entrada sobre «La Odisea» de Nolan (aquí en español y aquí en inglés). Ahora he vuelto a ver la película, pero en esta ocasión en la versión IMAX original; esto es, aquella en la que se rodó la película y que, presumiblemente, sirvió para la planificación de los encuadres. Aquí comentaré lo que me sugirió la comparación entre las dos versiones; siempre con la advertencia de que hablo de memoria. Lo ideal sería tener delante una y otra para poder comprobar cada una de las impresiones, pero como eso no es posible, me conformo con fiarme de lo que recuerdo de uno y otro visionado confiando en la benevolencia del lector.

Desde mi perspectiva, el cambio más importante del formato IMAX al panorámico que se utiliza en la inmensa mayoría de las proyecciones de «La Odisea» no reside en la calidad de la imagen o en el tamaño de la pantalla, sino en la proporción. En el formato panorámico nos encontramos con un rectángulo bastante más largo que alto; mientras que en el formato IMAX estamos más cerca del cuadrado, aunque el ancho sigue siendo mayor que el alto.

Para el encuadre no es lo mismo trabajar sobre una proporción panorámica (2,39:1) que sobre la propia del IMAX 15/70 (el utilizado en La Odisea), en el que la relación entre el ancho y el alto es de 1,43:1. No es lo mismo proyectar «El Guernica» (que tiene unas propociones de 2,22:1) que los fusilamientos del 3 de mayo (con una proporción de 1,29:1).

Para hacerse una idea, veamos cómo quedaría este último cuadro en el formato IMAX y en panorámico.

Son obvias las diferencias de una y otra opción. No es baladí rodar pensando en un formato o en el otro. En el caso de La Odisea, Nolan pensaba en el formtao IMAX; aunque, supongo, también era muy consciente de que la inmensa mayoría de los espectadores verían la película en formato panorámico (solamente hay 41 cines en el mundo que ofrezcan La Odisea en el formato IMAX 15/70; esto es, menos del 1% de los espectadores totales la habrán visto en el formato en el que Nolan la imaginó), por lo que los encuadres del formato panorámico habrán sido también cuidados; no se trataría simplemente de «cortar por donde caiga», sino que habrá un trabajo de ajuste para que la película tenga el máximo sentido posible también en ese formato panorámico.

Ahora bien, ¿se aprecian diferencias de uno a otro formato? A partir de mi experiencia como espectador diría que sí, que hay diferencias en algunos puntos. Reitero, sin embargo, la advertencia de que hablo de memoria a partir de dos visionados de la película en formato panorámico y de un solo visionado en IMAX.

En concreto, donde aprecio mayor diferencia es en las escenas que tienen por escenario la ciudad de Troya. En la versión panorámica la llegada del caballo a la ciudad no te permite verla entera, con aire por encima de los edificios. En la versión IMAX el caballo aparece en la parte inferior y las murallas y las casas van ascendiendo hasta llegar a un cielo que también puede apreciarse. La sensación es de más sosiego, como si la escena estuviera mejor compuesta. Diría que en las escenas de la playa también se gana con este mayor espacio arriba y abajo. Igualmente, en las escenas del incendio de Troya se aprecia una composición diferente. Las torres que caen se aprecian también bien en la versión panorámica, pero la propia construcción de la escena resulta más propia de un formato casi cuadrado que de uno panorámico.

También hay diferencia en algunas escenas en las que aparece Agamenón. La imponente presencia del rey exige un penacho de plumas que en la versión panorámica a veces no se ve totalmente. Me viene a la cabeza tanto la escena del sacrificio de su hija como la del encuentro con Ulises al partir de Troya. Otra escena en la que ese pequeño espacio superior creo que marca la diferencia es la de la conversión de los compañeros de Ulises en cerdos. En la versión panorámica tenía la sensación de que todo estaba «demasiado cerca». Finalmente, también creo que gana bastante la escena en la que se ve a los griegos ascendiendo por la colina que lleva a la cueva de Polifemo. Me refiero a una en la que se les ve desde el mar y donde el formato IMAX permite apreciar mejor la mole de la colina. En la versión panorámica la sensación es diferente.

Aparte de lo anterior, si uno se fija, se dará cuenta de que en la película hay varios momentos en los que la cámara va de abajo hacia arriba o de arriba hacia abajo. De abajo hacia arriba en la escena en la que se ve a Telémaco practicando espada con Mentor o en la ya mencionada de la isla de Polifemo. De arriba hacia abajo, en la caída de las torres incendiadas en Troya o en la decapitación de la estatuta de Atenea. Este tipo de movimiento se ajusta, quizás, mejor a un formato que tiende al cuadrado que en otro panorámico. Es decir, la elección del formato condiciona el uso de la cámara.

A partir de aquí la pregunta es por qué Nolan opta por este formato tan específico como el IMAX 15/70; un formato que conduce, inevitablemente, a que sean pocos los espectadores que puedan ver la película de la forma en que pensó originalmente el director. Las razones que éste ha dado son la de que la calidad de la imagen es mayor (y esto no tiene que ver con las proporciones), que una pantalla más grande es la escala exigida por el relato, pudiendo dar así satisfacción al deseo que siempre tuvo de rodar una película entera en formato IMAX, que con ese formato se consigue la inmersión del espectador sin tener que recurrir al 3D y que de esta forma se ofrece algo que no podrá reproducirse en casa.

Algunas de estas razones no se corresponden con mi experiencia. Si hay una mayor calidad de la imagen, para mí es inapreciable respecto a la panorámica y tampoco tuve una sensación de inmersión mayor de la que se aprecia en las versiones panorámicas que se ofrecen en buenas salas. Si te colocas en filas de la primera mitad de la sala se consigue una buena sensación de inmersión sin necesidad de recurrir al formato IMAX. Ahora bien, en lo que yo viví como espectador sí que hay diferencias entre ver la película en formato panorámico y en su formato original, tal y como he comentado. En líneas generales diría que la película fluye de una manera más natural en formato IMAX sin que parezca que en algunas imágenes «falta algo». No descarto que esta sensación de ausencia pudiera venir condicionada porque ya al ver la película en formato panorámico sabía que no era su formato original; pero lo constaté cuando pude verla en formato IMAX. Y me cuesta creer que la elección de ese formato, en cuanto a encuadre, no haya tenido influencia en la forma de narrar la historia.

Seguramente estoy sobreinterpretando; pero, ¡qué demonios! para eso es el arte, para que el espectador también le de vueltas a las opciones del director y se plantee cómo le afectan. Esto forma parte de la diversión que proporciona ver una película. Así que vamos a ello.

Una de las cosas que me han llamado la atención de la Odisea, es que la película se basa, en buena medida, en los diálogos que sostiene Ulises con distintos personajes. Sobre todo, personajes femeninos: Atenea, Penélope y Calipso. La película está llena de escenas en las que Ulises se confronta con esas tres mujeres; sin que falten tampoco momentos también intensos con Telémaco y los pretendientes; pero que, desde mi perspectiva, juegan un papel diferente. Tengo en la cabeza planos compartidos por Ulises con esas tres mujeres; pero no con Telémaco (donde se recurre más al plano y contraplano, igual que con Circe). En cambio, con los tres ejes de la historia que Nolan nos quiere contar (y que no es, como intentaba explicar en las entradas que citaba al principio la misma que nos quiere contar Homero), sí que aparecen esos planos conjuntos que no precisan nada a su alrededor. En un formato panorámico o la cámara está excesivamente cerca de los actores o es preciso rellenar los lados con «algo». En un formato menos alargado, las figuras humanas ocupan con naturalidad la escena. Esto es, el formato IMAX, curiosamente, es menos adecuado para escenas «épicas» que el panorámico. Creo que esto se aprecia bien en el momento en el que se ven los enterramientos en la playa de Troya. En una composición panorámica se podría ver una línea de armaduras y yelmos que se extendiera de uno a otro lado. En la Odisea de Nolan, sin embargo, se juega con la profundidad. No es una extensión de restos a derecha e izquierda, sino del primer plano hasta el fondo, equilibrados en el lado derecho por la figura de Ulises, sin la memoria no me falla.

La composición de estos encuentros no puede ser casual. En el caso de Penélope tenemos las escenas antes de la partida, en las que Odiseo y Penélope comparten lecho y en las del final, Ulises está fuera del recinto de las mujeres y Penélope tras la celosía y situada un poco más arriba. En el caso de Calipso, cuando se les ve juntos (en el mismo plano) están en la playa, de pie y lo más llamativo es el caso de Atenea, porque ésta aparece al lado de Ulises y, en un momento dado, desaparece. Sucede así tanto en la playa de Calipso como en la de Ítaca. Esa desaparición transmite bien la soledad del personaje pues, de pronto, aparece el espacio vacío que ha dejado la diosa (admitamos a estos efectos que es una diosa). En su última desaparición, precisamente en el diálogo entre Odiseo y Penélope antes de la matanza de los pretendientes aparece tras el lugar que ocupaba Atenea una puerta abierta, que no sé si se ve con tanta claridad en la versión panorámica, yo me di cuenta de ella en la versión en IMAX que, me parece, es muy significativa para la función del personaje.

En todos estos caso el formato más cuadrado del IMAX favorece la composición de la escena. En un formato panorámico tendría que haber algo a los lados que no precisa la proporción 1,43:1. Esto vale también para la que, creo, es la escena más significativa de la película, la imaginada decapitación de la joven en el templo de Atenea (quizás una sacerdotisa). La composición de la imagen asemeja a la de una cruz, y no creo que sea casualidad.

Se ha dicho, y con razón, que Nolan utiliza la Odisea para construir un relato moral que nada tiene que ver con Homero. El Ulises de Nolan es moderno, no homérico. Es una persona torturada por la culpa y el arrepentimiento, y no es hasta la escena que comento que nos damos cuenta plenamente de ello. Esta culpa y arrepentimiento están completamente ausentes del Ulises de Homero y, en cierta forma, no son más que la continuacion en esta película de la exploración que Nolan había iniciado en Oppenheimer sobre los remordimientos de quien utiliza su ingenio para ganar una guerra pero a costa de desencadenar un mal que no puede ser contenido y que lleva, de una forma u otra a la expiación. Podría decirse que convierte una historia del mundo clásico en una que respira la moralidad cristiana. Si esto fuera así, el momento que lo representa es esta escena: por una parte vemos que lo que creíamos una diosa es el recuerdo de la culpa; por otra, se decapita una estatua pagana (por cierto, de una diosa que también lo era de los griegos) a la vez que se sacrifica a su sacerdotisa. El paso, como digo, del mundo clásico, de la fama y el reconocimiento como objetivo a la moral cristiana del perdón y de la redención. Introducir una cruz en ese momento, como digo, no es casual, y una cruz casa mal en un formato panorámico.

En definitiva, Nolan no ha pintado el Guernica, sino «Los fusilamientos del 3 de mayo». En vez de hacer una película de grandes batallas y movimientos épicos de cámara, crea, aunque no lo parezca, un relato casi íntimo, basado en el diálogo y en el que la grandeza está en lo que se cuenta, no en cómo se cuenta. Ulises viviendo su culpa y responsabilidad, confrontado con el hogar (Penélope), el remordimiento (Atenea) y la imposible paz (Calipso). Un trío que no puede ser resuelto de manera satisfactoria y que lleva a la confusión de la matanza de los pretendientes.

No es una película apolínea, no concluye con el descanso del guerrero tras superar las aventuras y pruebas de los dioses. En realidad, no hay dioses (ya hemos visto que el personaje de Atenea no es, en realidad, Atenea) sino tan solo un hombre que, intendo hacer lo correcto, destruye el mundo en el que vivía.

Y Nolan ha querido rodarlo en un formato casi cuadrado. Seguramente, por nada de lo que aquí apunto, pero, como decía, este es juego eterno entre el creador y los que admiran su obra.

Intricate wooden structure made of interlocking blocks with stairs and arches.

Freedom of Establishment and Company Law in the EU: Lessons from the 28th Regime Proposal

La propuesta de régimen 28 en materia de sociedades está atrayendo la atención tanto de académicos como de prácticos. Aquí comparto una breve nota sobre dicha propuesta. El comentario se centra en la forma en que ese régimen 28 propuesto enlaza la evolución legislativa sobre formas societarias europeas con la jurisprudencia del Tribunal de Luxemburgo en materia de libertad de establecimiento. La tesis que sostengo es que la propuesta de régimen 28 es un paso para el cambio de paradigma: del conflicto como problema al conflicto como solución. O, si se prefiere, de la pluralidad como dificultad a la pluralidad como ventaja. Este es el PDF de la contribución.

De las Termópilas a Austerlitz

Los que sois jóvenes no lo sabéis, pero hubo un tiempo en el que España no era de las favoritas para ganar los torneos internacionales. Era una época en la que la selección miraba desde abajo a los equipos de Alemania, Brasil, Inglaterra e Italia. Curiosamente no a Francia, porque en la época de la que os hablo, Francia no era una gran potencia futbolística. Se decía que allí les gustaba más el rugby. Esto era hace más de 50 años.

En aquellos tiempos, recuerdo que, ante un partido de España contra Alemania, el comentarista comenzaba poniéndose la venda (es que son más grandes y rápidos, a ver qué podemos hacer). Cuando la selección jugaba contra la brasileña y comenzaban a bailar a los españoles se decía: «es que son los campeones del mundo, o como si lo fueran, hay que asumirlo». Recuerdo una ocasión en que se ganó a Inglaterra en Inglaterra y aquello era el delirio («hemos ganado a la inventora del fúbol en el santuario de Wembley. Esto es absolutamente histórico»).

España no era el equipo favorito. España era el aspirante que confiaba en derrotar a quien era superior a base de garra, entrega, sacrificio… y suerte. Se comenzaba advirtiendo de las dificultades que suponía siquiera plantar cara a los equipos que dominaban el fútbol mundial, de lo imprescindible que era darlo todo y más, y de que lo normal era la derrota y lo extraordinario la victoria. En esas circunstancias, los recuerdos que quedan son los de las veces en que se mordió el polvo con honor: el gol de Michel contra Brasil en 1986 que el árbitro (un australiano, todos los que lo vivimos lo recordamos sin necesidad de mirar la wikipedia) no concedió, la sangre en el rostro de Luis Enrique en aquel partido de cuartos contra Italia en el Mundial de 1994. Derrotas con honor, pero derrotas. Los cuartos de final como Termópilas, los griegos contra los persas estando casi seguros de que serán derrotados y confiando tan solo en hacerlo con dignidad.

En aquellos años hubo momentos gloriosos. En 1964, antes de que yo naciera se ganó una Eurocopa. En 1984 se jugó otra final de esa competición contra Francia; pero, como digo, se trataba de pelear, no de imponer. Había que anular a Platini, intentar sorprender en un contragolpe y, como mal menor, ir a la lotería de los penalties, donde teníamos a Arconada. Un gol de falta de Platini acabó con aquello. Finalista y contentos, porque, en realidad, era más que aquello a lo que se aspiraba.

Todo lo anterior lo cambió un entrenador: Luis Aragonés.

Cuando llegó a la selección cambió el discurso. No se trataba de ganar a los mejores, sino de que España fuera la mejor y que tuvieran los otros que preocuparse de cómo nos igualaban. Recuerdo la incredulidad de tantos y cómo el proyecto estuvo a punto de fracasar porque en los primeros momentos los resultados no acompañaron.

Pero llegó la Eurocopa de 2008 y no fue la victoria, fue cómo se consiguió la victoria.

En lugar de apelar a la furia, la garra y la suerte, el equipo se encomendó al toque, el sistema y la calidad. España no ganaba, dominaba. Era algo nunca visto. Del patadón y que Salinas se peleara con la defensa rival se pasó a jugar al fúbol como se juega al ajedrez. De las Termópilas pasamos a Austerlitz. De preguntarse si ganaríamos a discutir cómo ganaríamos; en el sentido de cuáles serían las variaciones que se introducirían para conseguir una victoria que ahora se daba casi por segura.

Y tras la Eurocopa de 2008, ya sin Luis Aragonés, pero manteniendo su espíritu, se llegó al Mundial de 2010, el gol de Iniesta y el paso decisivo de la categoría de aspirante a la de campeón. Y a aquello todavía siguió la Eurocopa de 2012.

Luego vinieron años más difíciles. Unos jugadores que ya tenían que dar paso a otros, montar un nuevo equipo a partir de una misma idea que, además, había que actulizar. Si miramos los resultados, España volvió a por donde solía e, incluso, los cuartos de final se convirtieron en inalcanzables (en la Eurocopa de 2016 y en el Mundial de 2018 fue eliminada en octavos). En la Eurocopa de 2021 se volvieron a alcanzar las semifinales, pero fue la tanda de penalties favoreció a Italia y España no llegó a la final.

Los resultado no llegaban, el «tiki-taka» se había convertido en un pasarse la pelota sin la verticalidad necesaria y el brillo se apagaba; pero España ya había hecho un cambio que no tenía marcha atrás. La forma en que se afrontaban las competiciones era diferente y la idea de que había equipos inalcanzables había desaparecido. Incluso en los malos momentos, se estaba mejor que en la época de las Termópilas heroicas que comentaba al principio, aquella en la que nuestro «rival hermano» era Yugoslavia y en la que los Países Bajos seguía siendo para España la casi inalcanzable «naranja mecánica».

Y acabaron llegando los frutos. La España que han visto los que ahora tienen menos de 30 años, y que no tienen recuerdos de la época anterior a Luis Aragonés, es un equipo que no aspira a dar la sorpesa, sino a que la sorpresa sea su derrota. Es un equipo cuyos jugadores piensan que lo normal es ganar y que lo extraordinario es perder; es un equipo que, sin embargo, sabe que nadie regala nada y que esa victoria, en el fútbol actual, se consigue por ser un poco más rápido, un poco más fuerte, por jugar un poco mejor posicionado que el rival. Hoy en día todos los jugadores son altos y fuertes, todos son atletas completos; todos los equipos saben jugar al fútbol, todos tienen una estrategia; de tal forma que la victoria se dilucida en pequeñas diferencias, pequeñas ventajas que hay que luchar y trabajar; pero que o se tienen o no se tienen. Y la selección española de estos últimos años las tiene y las utiliza.

He vivido como espectador las dos épocas y ayer, en la final del Mundial entendía perfectamente a los argentinos. El equipo argentino era, en relación a España, lo que España era respecto a Brasil o Alemania hace cuarenta años: un equipo inferior que intentaba suplir con calidad individual y una competitividad sin límites esas pequeñas diferencias que le separaban del favorito. Entendía a los argentinos y la forma en que vivirían las paradas del Dibu y, a la vez, comprendía lo que vivirían los aficionados alemanes o brasileños que veían hace 40 años los partidos entre sus selecciones y España. Me veía a mi mismo contemplando un partido en que mi equipo dominaba y en el que la sensación era que más tarde o más temprano el gol tenía que llegar, un partido en el que se controlaba el balón y el espacio, los tiempos y las ocasiones; en las que España disputaba el partido como Napoleón había dirigido la batalla de Austerlitz: «dejemos que marchen sobre nuestro flanco, avancemos y, entonces, tomemos las lomas de Pratzen. Mandamos a la caballeria y rompemos el hielo con el fuego de los cañones. En una batalla cualquier cosa puede pasar; pero si todo sigue su curso natural, la victoria es nuestra».

Esa es la diferencia entre la selección de hace 50 años y la actual. Entonces si todo seguía su curso natural, perdería. Con dignidad y honor, pero perdería, como los espartanos de las Termópilas. Ahora si todo sigue su curso natural, vence, como Napoleón en Austerlitz.

El Tribunal de Estrasburgo y la prohibición del español en el sistema educativo catalán

I. La imposición del catalán como lengua vehicular y de aprendizaje (y la correlativa exclusión del español)

Hace unos días conocimos una decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en relación al sistema de inmersión lingüística obligatoria en catalán que se practica en Cataluña.

Comenté la decisión en facebook y en un hilo de X.

La «respuesta» por parte de los nacionalistas se movió entre el insulto y la negación. En concreto, la negación de esa exclusión del castellano que denunciaba en el primer tweet. También se mantuvo que era lógico que el catalán fuera la única lengua en la escuela pues es la lengua de Cataluña, mientras que el español es una lengua «impuesta». No me ocuparé, sin embargo, de este último argumento, que desconoce que el español es usado en Cataluña desde hace siglos y que es la lengua materna de más de la mitad de los catalanes, además de la lengua que sirve como lengua común no solamente entre los catalanes, sino entre estos y el resto de los españoles. Prefiero centrarme en la negación de la prohibición del castellano en el sistema educativo catalán.

Es significativa esta negación ya no de la realidad, sino de los argumentos propios. Recordemos que la decisión del Tribunal de Estrasburgo lo que hace es inadmitir el recurso planteado por varias familias de Canet de Mar que rechazaban que sus hijos, tras una orden judicial del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), recibieran un 25% de la docencia en español. Esto es, el problema era, de acuerdo con la perspectiva de los recurrentes, que antes de la medida judicial sus hijos recibían un 100% de la docencia en catalán y un 0% en castellano; tras la decisión del TSJC esas proporciones variaron a 75% en catalán y 25% en castellano y lo que solicitaban las familias es que se delcarara que ese 25% de castellano vulneraba sus derechos fundamentales y que, por tanto, era obligado volver a la situción en la que la proporción de castellano en la docencia era 0%.

Dicho de otra forma: lo que pretendían estas familias era que se reconociera su derecho a excluir el castellano como lengua de enseñanza para sus hijos. De hecho, la palabra «prohibición» es la que utiliza el propio Tribunal de Estrasburgo en el apartado núm. 25 de su decisión.

Prohibir su uso como lengua de enseñanza, que es lo que le estaban pidiendo y lo que rechaza. Una prohibición, además que es meridiana en las instrucciones que cada año publica el Departamento de Educación de la Generalitat y que tienen como fin orientar el funcionamiento de los centros educativos catalanes. La Asamblea por una Escuela Bilingüe de Cataluña (AEB) ha impugnado las de los cursos 2022-2023 y 2025-2026 sobre la base, precisamente, de la exclusión del castellano que estas instrucciones imponen. A continuación mostraré algunos ejemplos de la forma en que se limita el uso del español en el sistema educativo catalán mediante la vía de imponer la utilización del catalán en todas las actividades que se realizan en el centro con exclusión de las que se desarrollen en clase de castellano u orientadas a la enseñanza de esa lengua.

Comenzaré con las instrucciones para el curso 2022-2023.

En estas instrucciones se indica que el catalán ha de ser la lengua normalmente utilizada como vehicular y de aprendizaje en el sistema educativo. Se indica que el aranés tendrá esta función en el Valle de Arán, pero no se menciona el castellano; esto es, el castellano no será una lengua utilizada como lengua vehicular y de aprendizaje en el sistema educativo. Esto es consecuencia de que la única lengua que se considera como lengua de la escuela es el catalán.

Lo anterior implica que la lengua que ha de utilizarse en:

  • Las actividades internas de los centros, tanto orales como escritas.
  • Exposiciones de los profesores.
  • Actividades de aprendizaje y de evaluación.
  • Interacción entre docentes y con los alumnos.
  • Actividades de formación del profesorado.
  • Actividades administrativas.
  • Comunicaciones entre el centro y el entorno.
  • Documentación que expiden los centros educativos.
  • Manifestaciones culturales y públicas.
  • Actividades de projección externa del centro.
  • Actuaciones del centro en que intervengan instituciones y entidades del entorno.
  • Rotulación de espacios del centro.

Lógicamente, si todas estas actividades han de realizarse en catalán no podrán realizarse en castellano, esto es, establecer el catalán como única lengua de la institución tiene como consecuencia que la presencia del castellano se limitará, como indican las instrucciones, a la que sea necesaria para su aprendizaje. Es decir, la lengua de la institución es el catalán y es la lengua que deberá utilizarse siempre (con la excepción del aranés en el Valle de Arán) salvo cuando sea preciso utilizar otra lengua en el marco del aprendizaje de ésta (castellano, cuyo aprendizaje ha de garantizarse; o, inglés, por ejemplo).

El carácter excluyente de la imposición del catalán es claro en materia de rotulación, ya que aquí se indica expresamente que la presencia de una lengua diferente del catalán en los espacios físicos del centro queda reducida a los trabajos de los alumnos.

Las instrucciones para el curso 2025-2026 repiten el mismo esquema; pero añaden más referencias a la presencia del castellano. Esto tiene una explicación. Tal como indicaba, la AEB impugnó las Instrucciones para el curso 2022-2023 y tras varias peripecias procesales, el TSJC acabó dictando sentencia en la que declaraba nulos varios apartados de esas instrucciones (lo comentaba aquí).

La razón de la nulidad es clara. Por mal que les pese a los nacionalistas, el español (castellano) en tanto que lengua oficial en toda España, incluida Cataluña, no puede ser excluida como lengua del sistema educativo. Esto no quiere decir que la presencia del castellano tenga que ser la misma que la del catalán. Si se justifica adecuadamente, el catalán puede tener una proyección cuantitativamente mayor que el castellano en el sistema educativo. De igual forma que debería poder justificarse lo contrario, una presencia cuantitativamente mayor del castellano que del catalán; pero lo que no puede ser es que ambas lenguas tengan posiciones cualitativamente distintas. Ambas son lenguas oficiales y el argumento de que el catalán es lengua propia de Cataluña no puede suponer una preferencia sobre el castellano que, podríamos decir, es también lengua propia en el conjunto de España. Dotar de una posición de preferencia al catalán choca con la Constitución; en concreto, con su artículos 3 (oficialidad del castellano), 14 (no discriminación) y 27 (derecho a la educación).

Con el fin de eludir las tachas de inconstitucionalidad que habían conducido a la nulidad de determinados incisos de las instrucciones del curso 2022-2023, la Generalitat «sembró» de referencias al castellano las instrucciones para el curso 2025-2026; pero, a la vez, dejó también claro que esas referencias al castellano no podían implicar que éste se colocara en la misma posición que el catalán.

Es decir, se podrá utilizar el castellano en situaciones que tengan como objetivo aprender esta lengua; pero esta presencia del castellano no puede implicar que el catalán deje de ser la lengua normalmente utilizada en el centro. Es decir, la lengua de la institución seguirá siendo el catalán y el castellano será una lengua que se aprende, no una lengua EN la que se aprende. La prohibición de la utilización del castellano para el aprendizaje de otras materias, como vehículo de comunicación con las familias o entidades ajenas al centro se mantiene; así el catalán es la lengua que deberá utilizarse como vehicular y de aprendizaje, en la acogida del alumnado de reciente incorporación y en todas las actividades educativas, incluidas las complementarias y las extraescolares.

Y por eso el proyecto lingüístico tiene como una de sus funciones

Esto es, asegurar que el catalán (y el aranés en el Valle de Arán) son las lenguas normalmente utilizadas como vehiculares y de aprendizaje en todas las etapas educativas; así como la lengua de signos catalana. El castellano está vetado como lengua vehicular y de aprendizaje y su presencia ha de limitarse a la asignatura de lengua castellana y a lo que sea necesario para aprender la lengua. De hecho, se niega que los alumnos castellanohablantes con necesidades educativas especiales puedan tener una educación en la que se emplee el español para el aprendizaje de materias diferentes del castellano.

La negativa de la Generalitat a permitir la utilización del castellano en este caso se basa en que la lengua vehicular del sistema educativo es el catalán.

No hay por tanto muchas dudas sobre la prohibición del español como lengua vehicular en el sistema educativo catalán. Las instrucciones de la Generalitat son muy claras al respecto y lo saben bien quienes han solicitado a la administración una educación en la que el castellano esté presente y que siempre han recibido un «no» por respuesta. Esta exclusión, como digo, se traduce en las comunicaciones con los alumnos, en el idioma de las «interacciones» entre los profesores, en la lengua en la que han de realizarse las actividades extraescolares y en la que han de desarrollarse los encuentros con personas y entidades ajenas a la comunidad educativa. Ahora bien, para entender el sentido de esta prohibición y también las reacciones cuando se denuncia tenemos que ir un poco más allá, tenemos que ver cuál es objetivo de esta prohibición del castellano como lengua de aprendizaje en el sistema educativo catalán.

II. La Cataluña ideal (según los nacionalistas)

El credo nacionalista postula que la escuela ha de prefigurar una Cataluña ideal en la que la lengua de cohesión sea el catalán. Idealmente, debería llegarse a una situación en la que se pudiera vivir plenamente en catalán y ahí la escuela es un buen campo de experimentación. Primero hacemos que la docencia sea en catalán y que toda la vida de la escuela se desarrolle en catalán, que los materiales que se utilicen sean en catalán, que las reuniones con las familias se desarrollen en catalán, que la rotulación y todas las indicaciones estén en catalán y luego daremos el siguiente paso, que es el de intentar que el catalán sea también la lengua de los juegos y del patio. A esto responde el cartel que compartía en el tweet y donde se recuerda a los niños que también han de utilizar el catalán en el patio.

Aparte de esto también se realizan actividades que tienen como objetivo que los niños utilicen el catalán en su tiempo libre. Asi informaba de ello el diario Ara, por ejemplo.

Es significativo lo que dice este profesor: «De poco sirve que en el aula se haga un uso intensivo del catalán si en los espacios informales de relación entre iguales, en le patio, el comedor o los pasillos desaparece la lengua«. ¿Qué nos está diciendo?

Lo primero es que nos describe dos hechos: en primer lugar que en el aula se hace un uso intensivo del catalán; esto es, el catalán es la lengua de relación dentro del aula. En segundo término que fuera del aula los alumnos hablan otra lengua (muy mayoritariamente, el español). El profesor no lo formula así, sino que lo dice de una manera mucho más sutil: «desaparece la lengua». ¿Qué es eso de que «desaparece la lengua»? ¿Acaso los alumnos están mudos en los pasillos? No creo, más bien hablarán, reirán, se gastarán bromas y hasta chillarán para desesperación de los adultos (como ha sucedido siempre); pero no lo harán en catalán, sino en español. Esto es, no es que la lengua desaparezca, sino que los alumnos, fuera del aula, utilizan la que mejor les parezca que, en este caso, no coincide con la que se usa en el aula.

Pero lo segundo también es importante. Quien habla (Baixauli, una asesor LIC, de Lengua, Interculturalidad y Cohesión social), dice que «de poco sirve» el uso del catalán en el aula si no se habla fuera del aula. Esto es, la exclusión del castellano como lengua vehicular y de aprendizaje (otra forma de decir que la única lengua vehicular y de aprendizaje ha de ser el catalán) tiene un objetivo que va más allá del aula y que, por lo que explica Baixauli, se concreta en la extensión del uso social del catalán o, lo que es lo mismo, en la disminución del uso social de otras lenguas y, más concretamente, del castellano.

Siempre que tengo ocasión insisto en esto, porque con demasiada tranquilidad se dan por buenas las políticas de promoción del uso de las lengua que -si somos claros- implican decirle a las personas que están utilizando la lengua equivocada. Aquí, a los alumnos, a quienes se les traslada que la lengua que han de usar en el patio o en los pasillos ha de ser el catalán y no la que ellos emplean habitualmente. Lo de la «desparición de la lengua» para expresar que los alumnos emplean una diferente a la deseada es muy claro.

Es decir, la prohibición del castellano como lengua vehicular es instrumental al objetivo de fondo, que es la extensión del uso social del catalán en detrimiento del español. A mí este tipo de políticas me repugnan, porque considero que ningún poder público ha de indicar a las personas qué lengua han de usar en sus relaciones particulares. Que haya programas públicos orientados a que los niños cambien la lengua que emplean cuando hablan con sus amigos me parece inadmisible.

Pero es lo que hay, y así se entiende la insistencia de los nacionalistas en los datos sobre utilización social del catalán. No incidiré aquí en ello, porque ya me he ocupado de esto en otros sitios (aquí, por ejemplo); pero recordaré que el uso social del catalán está por encima de lo que se correspondería en función del número de catalanes que lo tienen como lengua materna. Esto es, si el número de personas que en Cataluña tienen como lengua materna una distinta del catalán aumenta la única forma de conseguir una mayor presencia del catalán es mediante técnicas que fuercen a las personas a emplear una lengua distinta de la que les es natural. Esas técnicas existen y, como digo, están llevando a un «sobreuso» del catalán en relación al número de hablantes nativos; pero es ilusorio pensar que consigan que acabe siendo mayoritaria entre la población una lengua que es materna de poco más de un tercio de los catalanes.

Tener en cuenta lo anterior explica algunas de las afirmaciones que he podido leer en X estos últimos días. Son frecuentes los que indican -profesores incluidos- que el uso del catalán en las escuelas es mayor de ese 25% que se discute. Confunden dos cosas que hay que separar; pero que, por lo que he explicado, es natural que no distingan.

Cuando se habla de lengua vehicular y de aprendizaje se habla de lengua reglada; esto es, aquella a la que han de ajustarse las programaciones, evaluaciones y materiales. Aquí la presencia del catalán es muy superior al 90%; entre otras cosas porque, como hemos visto, así lo exigen las instrucciones del Departamento de Educación. Sí que hay algunos casos en centros de enseñanza media en que algún profesor imparte clase en castellano; pero diría que están disminuyendo y que en la escuela primaria la utilización casi exclusiva del catalán apenas tiene excepciones. Recurro aquí a mi experiencia personal (tres hijos escolarizados en Cataluña y una esposa que ha sido maestra en Cataluña por más de 30 años), más los casos a los que tengo acceso a través de mi colaboración con la AEB; pero es que quienes cuestionan la exclusión del castellano lo hacen también a partir de su experiencia en los centros educativos. Recurren a su vivencia para cuestionar una afirmación general.

Cuestión distinta es que en los patios, pasillos o que en la interacción con los profesores los alumnos utilicen el castellano. Por supuesto que pasa y si se contaran esas interacciones habría que ver cuál es el porcentaje de «uso social» en la escuela del catalán y del castellano; pero es que yo no estoy hablando de eso. Yo no hablo de la lengua que eligen Carlos y Miquel para quedar después del instituto, o la que emplean Carolina y Maria para contarse un chisme o la que utilizan dos adolescentes para declararse su amor en una esquina del patio. Yo hablo de la lengua en la que han de impartirse las clases, en la que han de realizarse los exámenes y en las que los profesores han de desarrollar las reuniones, la lengua de los avisos oficiales y de las reuniones con los padres. Esa es la lengua que rigen las instrucciones del Departamento de Educación, la que vigilan los tribunales de justicia y a la que se refiere el Tribunal de Estrasburgo en su reciente decisión.

Lo que pasa es que, como he intentado explicar, para los nacionalistas esa lengua es solo una herramienta, un instrumento para llegar a una Cataluña en la que todos renunciemos a nuestras lenguas para abrazar el catalán, y como eso no sucede no dejan de repetir: «¡Qué prohibición ni prohibición! ¡Pero si la gente sigue hablando en español, incluso en la escuela!»

Pues sí, y cuando más se den cuenta de lo que aquí explico, que intentar cambiar desde el poder o la escuela los usos lingüísticos de las personas es repugnante a mi me tocará (ya lo estoy haciendo) recordar que de todo esto no tienen culpa ni los catalanohablantes ni la lengua catalana y que nadie debería permitir que las perversas políticas de unos afecten a su elección de lengua, ni en el sentido de abrazar la lengua que se pretende imponer ni en el de rechazar esta lengua por la utilización que algunos hacen de ella para sus propósitos políticos.

AI and the Teaching of Law

Over the past year, conversations about how AI was affecting the teaching of Law have been constant at the Faculty —not only in formal meetings, but also in corridor and coffee-break exchanges.

In the work I share here I set out my view on how legal studies must be modified in order to adapt to the reality of AI. I begin by examining what AI can do within our field of work, and move from there to its projection onto legal studies. I start with the question of assessment, go on to methodology, and conclude with the structure of the curriculum.

This is merely a contribution to the debate —a debate I believe to be unavoidable and one that cannot be postponed.

IA y enseñanza del Derecho

Durante el último año, las conversaciones sobre cómo estaba afectando la IA a la docencia del Derecho han sido constantes en la Facultad. No solo en reuniones formales, sino también en conversaciones de pasillo o de café.

En el trabajo que aquí comparto, expongo mi visión sobre cómo hemos de modificar los estudios de Derecho para adaptarnos a la realidad de la IA. Comienzo por analizar qué cosas puede hacer la IA en nuestro ámbito de trabajo para, de ahí, pasar a la proyección en los estudios jurídicos. Empiezo por la evaluación, sigo con la metodología y concluyo con la estructura del plan de estudios.

Se trata tan solo de una contribución al debate, porque creo que este debate es ineludible que no puede posponerse.

Corrupción estructural, Zapatero, España

A) Política y corrupción

El auto por el que se cita a José Luis Rodríguez Zapatero como investigado no ha de dejar a nadie indiferente. Tal como veremos, muestran una situación de corrupción estructural que va más allá del que fuera presidente del Gobierno entre los años 2004 y 2011.

Aparte de las actuaciones judiciales que se desarrollen, sería necesaria una reflexión política sobre la situación generada, sus causas y la forma en que podría ponerse remedio a una lacra que nos penaliza como sociedad. No quiero decir con lo anterior que la corrupción en España sea mayor que en otros países; pero el hecho de que sea un mal general no alivia el problema. Recordemos que en 2018 el PSOE llegó al poder con el argumento de que había que poner fin a la corrupción del PP. España estaba cansada de escándalos de corrupción de mayor o menor entidad y parecía que se abría una nueva etapa en la que cualquier atisbo de corrupción sería respondido con contundencia. Como veremos, el auto, con todo el aparato documental que lo acompaña, dibuja un país muy diferente al que se prometía en 2018.

Quiero creer que esa España es todavía posible, pero para lograrla hay que mirar de frente lo que tenemos, y lo que hay ante nuestros ojos no es agradable: un antiguo presidente del Gobierno acusado de tráfico de influencias y blanqueo de capitales.

B) Tráfico de influencias

En lo que respecta al tráfico de influencias, la organización dirigida por el expresidente del Gobierno utilizaría los contactos de éste para que los poderes públicos adoptasen decisiones en favor de sus clientes. A cambio de ello, recibirían una contraprestación económica. Esto es, quien deseaba obtener ventajas de la administración recurría a la organización de José Luis Rodríguez Zapatero a fin de conseguir resoluciones favorables que, de otra forma, no serían posibles. En el auto de detalla, por ejemplo, en qué forma esa organización fue clave para que el Consejo de Ministros concediera una ayuda de 53 millones de euros a la compañía aérea Plus Ultra. En el relato de los hechos, reconstruido a partir de conversaciones telefónicas y contenido encontrado en ordenadores intervenidos, se aprecia como los que se acercaban a la red de influencias eran conscientes de que tendrían que pagar «mordidas» y que estas deberían canalizarse a través de una determinada estructura mercantil a la que califican de «finance boutique«.

Solamente a través de la influencia de la red de contactos de Zapatero se explicaría que se concediera la ayuda a Plus Ultra. El perito había indicado que no reunía las condiciones para ello. De todas formas, también es necesario tener en cuenta que, incluso si la decisión que se hubiera adoptado fuera correcta -esto es, no arbitraria- el intento de influir en la decisión que ha de adoptar el funcionario o autoridad ya sería constitutivo de delito. Volveremos sobre esto un poco más adelante.

Es más, la TGSS emitió un informe en el sentido de que la empresa no tenía deudas con la Seguridad Social (requisito imprescindible para obtener la ayuda), pese a que sí las tenía.

Como puede apreciarse, en agosto de 2020 se emitieron tales certificados cuando la deuda existía. Posteriormente, en octubre de 2020, la TGSS concedió un aplazamiento de la deuda; semanas después de una entrevista de Zapatero con el Ministro José Luis Escrivá.

En definitiva, parece que no es completamente descabellado pensar, aunque solamente fuera por el caso Plus Ultra, que estuviéramos ante un supuesto de los arts. 428 a 430 del Código Penal, que sancionan la conducta de quienes influyen en un funcionario o autoridad con el fin de obtener una resolución que pueda generar directa o indirectamente un beneficio económico.

En el caso Plus Ultra, ese beneficio económico supera el medio millón de euros.

Pero la operación Plus Ultra no es la única que aparece en el auto. Así, por ejemplo, hay mención a una intervención en el asunto «Hard Rock» de Tarragona. Aquí resulta significativo que, desde el entorno de Zapatero, se solicite que en los contratos que se suscriban se elimine la palabra «comisión».

Y no solamente eso, sino también la facilitación de operaciones de venta de petróleo venezolano, con intervención de Delcy Rodríguez y otros cargos del régimen de Maduro.

C) Blanqueo de capitales

La acusación no se limita al tráfico de influencias, sino al blanqueo de capitales. Este delito se habría producido al intentar evitar el control sobre los fondos recibidos de las actuaciones ilícitas descritas en el apartado precedente. A tal fin se habría creado una red de sociedades, algunas en el extranjero, con participación de testaferros y montando una serie de «pantallas» que evitarían que se identificara el auténtico origen de los fondos recibidos.

En el auto se encuentran abundantes datos que apuntan en esta dirección. Así la emisión de facturas para emisión de informes que no tenían más finalidad que dar cobertura al tráfico de influencias que en realidad se ejercía (resulta significativo, como hemos visto, que se diera la instrucción de hacer desaparecer la palabra «comisión» en algún documento). También la utilización de diversas sociedades para recibir los pagos, empleo de personas interpuestas y constitución de sociedades en el extranjero. En concreto, en Dubai.

En definitiva, actividades ilícitas que pretenden cubrirse como asesoramiento y que acaban provocando el desvío de fondos públicos a un entramado societario diseñado para dificultar el control del mismo. Y eso tanto en España como en Venezuela. Es grave, por supuesto, pero no se queda aquí como veremos enseguida.

D) Corrupción y poder público

Tal como comentaba un poco más arriba, el tráfico de influencias no exige siquiera que la decisión que se pretende obtener sea arbitraria o injusta. Basta que se intente influir en la autoridad o funcionario a partir de la relación personal o jerárquica que exista para que el delito se consume

En este caso, sin embargo, y quedándonos tan solo con el rescate a la aerolínea Plus Ultra, parece que hay elementos que invitan a pensar que la resolución se adoptó no porque la compañía cumpliera los requisitos necesarios (recordemos la deuda a la Seguridad Social que no impidió la emisió de un certificado negativo por parte de la TGSS y el informe negativo del perito), sino por la influencia de Rodríguez Zapatero en el gobierno; una influencia que es evidente, como prueba, de acuerdo con el propio auto, la entrevista que tuvo con el Ministro de Trabajo en el momento en el que se estaba produciendo la negociación para aplazar esa deuda de Plus Ultra con la Seguridad Social, pero que, obviamente, va más allá pues, como es sabido, Zapatero es uno de los apoyos políticos más importantes del actual presidente del Gobierno, con el que ha coincidido en múltiples ocasiones y participado junto con él en diversos actos públicos.

La ayuda a Plus Ultra fue concedida por un Consejo de Ministros presidido por Sánchez. Plus Ultra contactó con la red de Zapatero para conseguir esa ayuda y pagó una cantidad considerable de dinero una vez que fue conseguida. Penalmente no sé qué saldrá de ahí; pero los mensajes y documentos que constan en el auto son material más que suficiente para exigir una responsabilidad política que debería ser alta, muy alta. Además sería necesario examinar con lupa cómo se concedió una ayuda que, por lo que se deriva del auto, tenía serios obstáculos técnicos. Aquí, el papel de la SEPI, la TGSS y demás intervienientes en la operación mediante la emisión de certificados o informes debería ser examinada con mucho cuidado para identificar en qué puntos la actuación se apartó de los más altos estándares de profesionalidad y objetividad para ceder a las influencias que pretendía ejercer el antiguo presidente del Gobierno o las personas que trabajaban para él.

No se trata, por supuesto, de adelantar el juicio penal; pero la responsabilidad política no puede esperar por los tiempos de los tribunales porque, como se puede apreciar -basta leer el auto- hay serias dudas de que el funcionamiento de la administración en el ejercicio de los controles necesarios hubiera sido el deseable. La depuración de responsabilidades políticas, administrativas y judiciales (en ese orden) debe de ser total.

Los ciudadanos nos lo merecemos. El dinero público es de todos y lo que se emplea en mordidas o ayudas a quien no se las merece se retraen de otros fines; pero, además lo anterior, no pueden existir dudas sobre la transparencia de los procesos públicos. Aquellos que hayan visto denegada una ayuda o subvención por un informe negativo de la TGSS, ¿qué opinarán al leer el auto? Las empresa que en los años 2020 y 2021 no obtuvieron un rescate, ¿qué pensarán al ver que lo que tenían que hacer era pagar una «mordida» a Zapatero o a algún otro conseguidor (en el auto también aparecen pagos a una mujer que mantenía una cierta relación con el Ministro de Transportes entonces, José Luis Ábalos).

¡Cómo se entiende ahora la intervención de José Luis Ábalos, en nombre del PSOE, durante el debate que acabó convirtiendo en presidente del Gobierno a Pedro Sánchez!

E) ¿Hay solución?

Soy optimista. Siempre creo que hay una salida. También ahora. Pienso que España puede ser un país donde se respeten las reglas del juego, donde no haya espacio para la corrupción, un lugar para que impere la justicia y que la arbitrariedad quede desterrada. Ahora bien, para llegar a eso es necesaria una reacción contundente y, en primer lugar, de la ciudadanía. Quienes nos gobiernan están ahí porque muchas personas les han votado. Cuando la corrupción hincó el diente en el PP muchos le abandonaron; pero siguió habiendo millones de personas que les continuaron votando. En estos momentos, pese a todo lo que sabemos -y aquí el auto en relación a Zapatero aporta mucha información, pero ya había otra anterior en relación a otros miembros destacados del partido socialista- el PSOE acaba de conseguir la segunda posición en las elecciones andaluzas y no obtendría un mal resultado en unas generales.

Así, desde luego, no acabaremos con la corrupción, porque esta solo se detendrá si existe un rechazo muy claro hacia ella por parte de la ciudadanía. En mi caso, siempre critiqué la que se conocía del PP y entonces pedía una reacción contundente. Lo que ahora conocemos sobre el PSOE es grave; pero, además, sin que en el partido se produzca la reacción que sí hubo en el PP. Ábalos, Cerdán… y ahora Zapatero que, si tenía influencia era, precisamente, por su condición de antiguo presidente del Gobierno y por su relación con el actual titular del cargo.

¿Hace falta más?