Lo de García Albiol y la lengua

Hace unos días el señor Albiol dijo, en «Cafè d’idees«, que el catalán retroce en las calles y que eso es un problema. Puede verse en este vídeo.

Son unos pocos segundos, pero muy significativos, como veremos. Comienzo llamando la atención de que lo el señor García Albiol ve como un problema es el (pretendido) retroceso en el uso del catalan. Uso, no conocimiento; esto es, lo que le preocupa es que las personas utilicen una lengua y no otra; no que desconozcan el catalán, sino que no lo utilicen. En segundo lugar, la identificación del lugar en el que el uso no es suficiente, a juicio del candidato del Partido Popular es «la calle». Es decir, no le preocupa que el uso en la escuela, la administración o en los medios públicos de comunicación sea insuficiente, según el criterio que maneje el señor Albiol sobre uso suficiente, y que no nos aclara; sino que lo que le parece algo que debería ser corregido es el uso privado que se hace de la lengua. A continuación, veremos cuál es realmente ese uso y que es lo que denota esta preocupación del señor Gacía Albiol.

Para entender lo que nos transmite el señor García Albiol hay que reparar que en Cataluña llevamos más de 40 años «normalizando» el catalán. La idea es la de que durante el franquismo se minorizó la lengua catalana con el propósito de imponer el castellano. Ese plan habría fracasado, pero, a la vez, habría dejado al catalán en una situción de inferioridad respecto al castellano que debería ser reparada. A esto responderían las políticas de normalización lingüística que en los últimos cuarenta y tantos años pretenderían revertir los efecto de la dictadura franquista. Una dictadura que gobernó en Cataluña durante 37 años; bastantes menos de los que llevamos de «normalización». Es cierto, sin embargo, que muchos hacen retroceder esta guerra contra el catalán a mucho más atrás, a la época de los Decretos de Nueva Planta al menos; pero no quiero detenerme ahora en ello porque lo único que pretendo es poner negro sobre blanco qué es lo que se alega para justificar esas políticas de normalización lingüística: el propósito de revertir un histórico ataque al catalán.

¿Y cuál es la situación del catalán en la actualidad? A partir de datos hechos público en 2025 por el IDESCAT, dependiente de la Generalitat, casi 2.400.000 catalanes mayores de 15 años tienen el catalán como lengua materna (inicial en la terminología de la Generalitat), mientras que más de 3.700.000 tienen el castellano como lengua materna. Es importante subrayar que estas cifras incluyen casi 400.000 catalanes que tienen como lenguas maternas tanto el catalán como el castellano. En porcentajes, un 29% de catalanes tienen el catalán como lengua materna, un 49% el castellano y un 5,6% ambas lenguas.

A la hora de hablar del uso del catalán creo que es conveniente partir de este dato, porque es bastante natural que una persona tienda a usar su lengua materna, al menos en un entorno en el que es oficial; y siendo oficiales tanto el catalán como el castellano a nadie debería extrañar que hubiera un uso mayor del castellano que del catalán. Y, de hecho, lo hay, porque, pese a que el porcentaje de catalanes que tienen el catalán como lengua materna (como única lengua o junto con el español) es de menos de un 35%, es lengua habitual de un 42% de la población, bien como única lengua habitual (32,6%) bien junto con el castellano (9,4%). Ahora bien, incluso así, el porcentaje de personas que, en Cataluña, tienen el castellano como lengua habitual es de casi el 56%. 46,5% como única lengua habitual y 9,4% junto con el catalán. Es llamativo que haya más catalanes que tienen como ÚNICA lengua habitual el catalán que aquellos que lo tienen como lengua materna (32% frente a 29%). En el caso del español, sin embargo, son menos los que lo tienen como única lengua habitual (46,5%) que los que lo tienen como lengua materna (49,2%).

Creo que estos datos deberían tranquilizar al señor García Albiol. Si consideramos las dos lenguas plenamente oficiales en toda Cataluña, catalán y castellano; la que gana uso respecto a los hablantes maternos es el catalán, no el castellano, quien los pierde. Es lógico: si una lengua ve aumentado su uso es porque otra ve cómo disminuye. En el caso del español y del catalán en Cataluña es obvio que el crecimiento del uso del catalán se hace a costa del uso del castellano.

¿Cómo es posible este aumento del uso? En primer lugar porque hay un dato que con frecuencia se deja pasar: prácticamente todos aquellos que han sido educados en Cataluña conocen el catalán. Es decir, se ha conseguido el objetivo de que el catalán sea una lengua conocida por todos. Más del 95% de los catalanes entienden el catalán. Lo habla casi el 90% de la población y lo escribe más de un 82%. Si dejamos fuera la población de más de 60 años, los que se educaron antes de que comenzara el proceso de «normalización», el porcentaje sube. Esto es, prácticamente todos los catalanes entienden el catalán y el número de personas que lo hablan, leen y esciben está en torno al 90%. No deja de ser un dato relevante si tenemos en cuenta que es la lengua materna de tan solo un 35% de la población. Esto es, son más los catalanes que pueden entender, hablar, leer y escribir el catalán que no lo tienen como lengua materna que los «nativos» (entendidos nativos como aquellos cuya lengua materna es el catalán).

Pero el señor García Albiol no está hablando de conocimiento del catalán, sino de uso. Lo que le preocupa no es que no se sepa el catalán (como vemos, prácticamente todos los catalanes lo conocen), sino que no se use.

Durante décadas hemos dado por bueno que los poderes públicos manifiesten esta preocupación sin reparar en lo que supone que una administración pública se meta en la lengua que utilizan las personas en sus relaciones privadas. Promover el conocimiento de una lengua puede ser legítimo, pero, ¿qué legitimidad hay para adoptar medidas orientadas a que las personas empleen una lengua determinada en vez de otra? Como decía antes, hay un límite para lo que se puede conseguir con esas medidas, y viene marcado por la lengua materna de las personas, pues lo natural será usar en mayor medida esa que otra, sobre todo cuando se trata de una lengua oficial, una que puede ser empleada en las relaciones con la administración.

¿Cómo se puede cambiar lo anterior? Esto es, ¿cómo se puede lograr que haya más catalanes cuya lengua materna sea el catalán? ¿Daremos ayudas a las parejas que se comprometan a hablar a sus hijos en catalán? No es que quiera dar ideas y espero que cualquier hipotético lector se percate de la aberración que supondría tal cosa, pero en el mundo del nacionalismo no puede darse nada por descontado.

Y si no hay más hablantes maternos de catalán (o el número de los hablantes de otros idiomas aumenta) la única forma en que puede aumentar el uso del catalán es consiguiendo que las personas dejen de utilizar en sus interacciones habituales el castellano u otras lenguas para optar por el catalán. Gran parte de las políticas de normalización lingüística van en este sentido, orientadas a que las personas dejen su lengua y adopten el catalán para la redacción de trabajos académicos, para la presentación de demandas o, incluso, para desarrollar actividades extraescolares. Estas políticas pueden basarse en incentivos (premios literarios solamente para obras en catalán, por ejemplo) o imposiciones (las extraescolares en los colegios deberán ser exclusivamente en catalán, por ejemplo). ¿Nos damos cuenta de la aberración que suponen estas políticas? ¿No vemos que el poder público está metiéndose en una opción personal e íntima, como es la lengua que se emplea en las interacciones privadas, en la calle, que nos decía el señor García Albiol?

Por esto decía al comienzo que esos pocos segundos del señor García Albiol son significativos. Lo peor del nacionalismo no es que pretendan una Cataluña plenamente en catalán, sino que no les importa llegar a ese objetivo mediante un mecanismo de ingeniería social que aparte a las personas de su lengua materna y les conduzca a adoptar el catalán; a través de políticas orientadas a que algo tan personal como la lengua que se utiliza venga determinado por la administración, por el poder público.

A mí eso me horroriza y será difícil que pueda depositar mi confianza en quienes no tengan claro lo anterior, porque lo que acabo de explicar no tiene que ver solo con la lengua, tiene que ver con cómo se entienden los derechos, la libertad y la dignidad de la persona.

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