Hace varias semanas, desde S’ha Acabat! me pidieron que participara en un acto que se celebraría en la Facultad de Derecho de la UAB sobre España y Europa ante el nuevo escenario internacional. Participaría también en él Susana Beltrán, profesora de Derecho internacional público.

El acto contaba con la autorización del Decanato de la Facultad y se celebraría, como indica el cartel, el 25 de abril en el Salón de Grados de la Facultad.
La víspera del acto, estaba trabajando en mi despacho de la Facultad cuando alguien introdujo por debajo de la puerta un mensaje amenazante en relación a mi participación en dicho acto. Este el mensaje:

Pedí ver a alguien del equipo decanal (la Decana, estos días, estaba fuera) y me entrevisté con Ricard Esteban, Vicedecano. Le mostré el mensaje y él me dijo que la Decana había decidido suspender el acto. Le pregunté cuáles eran las razones para la suspensión; pero, la verdad, no me acabó de quedar claro cuáles eran éstas.
Le transmití que, al margen de la amenaza que había recibido, suspender un acto de S’ha Acabat! me parecía injustificado. Le recordé que la UAB ya había sido condenada por haber vulnerado los derechos fundamentales de los estudiantes constitucionalistas al limitar su actividad en el campus. Recientemente (hacía unas semanas) la UAB había prohibido la participación de S’ha Acabat! en la feria de entidades de la Universidad y que había sido como consecuencia de las medidas cautelares adoptadas por un juzgado de lo contencioso-administrativo ante el recurso en amparo planteado por S’ha Acabat! que la entidad finalmente había podido participar en la mencionada feria de entidades. Le dije que con esos antecedentes, suspender el acto la víspera del mismo sin dar una razón clara y justificada parecía un ejercicio de censura y que podríamos estar ante una discriminación por razón de ideología (en algún momento se llegó a comentar la inconveniencia de que entre el público fueran a estar miembros de S’ha Acabat! que, a la vez, eran diputados autonómicos del PP y de Vox.) una limitación de la libertad de cátedra, pues se impedía mi participación en un acto de indudable contenido académico y una limitación de la libertad de expresión; a lo que se podría añadir (aunque esto ya no se lo comenté) con una limitación del derecho a la educación, que se había entedido también vulnerado cuando se expulsó a una asociación de estudiantes constitucionalistas del registro de entidades de la UAB.
A lo anterior se añadía el hecho de que hubiera habido amenazas orientadas a impedir mi participación en el acto. No sé si se llega a entender la indignación que se genera cuando, ante una amenaza injusta, no eres capaz de hacer lo que crees que has de hacer; en este caso participar en el acto que otro quiere impedir; porque la propia institución que debería amparar los derechos de los profesores y de los estudiantes y, en este caso, mi derecho a ejercer la libertad de cátedra; adopta una decisión que se coloca en línea con lo que desean los que te han amenazado.
La censura siempre es dura, pero cuando aparece al costado de la amenaza es doblemente dolorosa. Al Vicedecano Esteban le dije que a primera hora de la mañana iría a los Mossos d’Esquadra a formular denuncia por la amenaza y que luego vendría a la Facultad dispuesto a realizar el acto.
Hablé con varios de los integrantes de S’ha Acabat!, quienes me dijeron que habían dirigido un correo al decanato para que les confirmara si se suspendía el acto y en este caso, que se les explicaran las razones para la suspensión. Por la noche aún no había llegado contestación alguna y al día siguiente, a la hora programada para el acto, nos dirigimos al Salón de Grados de la Facultad.
Allí el personal administrativo presente nos dijo que el Salón estaba cerrado. Les pedí un espacio alternativo y me dijeron que no era cuestión de espacios, sino de que no se autorizaba el acto. Fui al despacho del Vicedecano Esteban, quien estaba reunido con otros dos miembros del equipo decanal. Le pregunté si confirmaba que se prohibía la realización del acto y me dijo que sí. Le pregunté las razones y no me supo decir cuáles. Al final, otro de los miembros del equipo decanal dijo que era porque había confusión sobre quiénes organizaban el acto.
Ante lo anterior, dije que, como profesor de la Facultad, solicitaba un espacio para poder realizar el acto. Me dijeron que formulara la correspondiente solicitud y que ya me contestarían. Indignado, volví a donde estaban los que iban a asistir al acto y les dije que lo haríamos en la Plaza Cívica. Allí, al aire libre, se desarrolló el coloquio sobre aranceles, cambios en el comercio internacional y la guerra de Ucrania que las autoridades académicas habían impedido que se celebrara en mi Facultad.
Es triste, por supuesto. Creo firmemente en la libertad, la tolerancia y el respeto. En los últimos diez años he sido testigo de cómo grupos que se autodenominan «antifascistas» pretenden limitar el acceso al espacio público a aquellos de los que discrepan. En esos años he visto, como ya he señalado, que los equipos de gobierno de la UAB adoptan decisiones que son revocadas en los tribunales y no por un tema menor, sino por vulnerar los derechos fundamentales de los estudiantes. Ahora, en mi propia Facultad, que es la Facultad de Derecho, soy testigo de cómo un acto es suspendido el día antes de su celebración, sin que se aclare cuáles son los motivos y, además, coincidiendo en el tiempo con la utilización de amenazas hacia quienes tenían que intervenir en el acto.
Es triste que nos hayamos acostumbrado a que la coacción forme parte de nuestras vidas. Cuando discutía con los miembros del equipo decanal de mi Facultad y mencioné que la suspensión del acto era doblemente equivocada por coincidir con amenazas orientadas a impedir su celebración se me dijo que «no mezclara las cosas». ¡Que no mezclara las cosas! Cuando las amenazas se referían directamente a mi participación en el acto.
¿Cómo es posible que habiendo recibido profesores de la UAB amenazas de alguien que se identifica como «Antifeixistes» en relación a un acto de S’ha Acabat! se permita en una de las paredes de la Universidad esta pancarta

Se nos llena la boca de discurso de odio, pero cuando nos encontramos con el, ¡cuánto les cuesta a alguno identificarlo y actuar en consecuencia!
Por mi parte, seguiré trabajando para que mi Universidad sea un espacio abierto a todos, tolerante y en que todas las ideas puedan ser expresadas. Un espacio en el que nadie se crea con derecho para decidir quién puede estar en el espacio público y quién no, en el que se respeten los derechos de todos y podamos expresarnos el libertad.
Libertad.
En este vídeo explico lo sucedido:
Muchas gracias por vuestra valentía y vuestro coraje. Es increíble a lo que hemos llegado.
¡Muchas gracias! Sí, es increible. Saludos!