Al agua le han nacido piernas largas.
En un lago; azul, negro, azul y verde,
blanco, amarillo, carne que te pierde.
Ojos en los que veo viejas cargas,
poso de horas duras, muy amargas;
del mundo en el que sólo es quien muerde.
Muerte para el que aquello aún recuerde
y vida para ti, que aquí te embargas;
que aquí contemplas y te admiras toda
de los bosques y de la lluvia recia;
que descansas feliz en tu pagoda,
lejos de la mundana peripecia.
Ojalá sea éste altar de boda
y tumba de ambición soberbia, necia.
Y descanso junto a quien te acomoda